El sector ganadero de Estados Unidos atraviesa su peor crisis en más de siete décadas. Las sequías acumuladas durante los últimos tres años, las dificultades para recomponer los rodeos y el encarecimiento de los combustibles redujeron la cantidad de ganado a su nivel más bajo desde mediados del siglo XX
El problema también impactó en los consumidores. El gobierno estima que el precio de la carne vacuna aumentará 9,8% este año, muy por encima de la inflación general prevista, que se ubica entre 3,4% y 3,7%
Para contener los valores, Donald Trump autorizó el ingreso de 300.000 toneladas adicionales de carne molida desde el 1 de septiembre, con aranceles reducidos. La medida, sin embargo, provocó malestar entre algunos de sus principales aliados políticos
Sid Miller, comisionado de Agricultura de Texas y uno de los referentes del movimiento MAGA, respalda al presidente, pero cuestiona la decisión. Según explicó, las compras externas no aumentan el número de animales disponibles y equivalen a unos 1,5 millones de vacas
La Casa Blanca sostiene que las importaciones permitirán ganar tiempo hasta recuperar el rodeo. Los productores, en cambio, advierten que ese proceso requiere varios años. Miller teme que los rancheros se apresuren a vender sus terneros ante la posibilidad de una caída del mercado y sostiene que la medida tampoco reducirá el precio de los cortes más consumidos
El costo político en las zonas rurales
Los republicanos llegan a las elecciones legislativas de noviembre en desventaja frente a los demócratas y con una aprobación presidencial debilitada. Solo el 35% de los estadounidenses respalda la gestión de Trump, mientras que un sondeo de agosto ubicó en 42% su apoyo en las áreas rurales
En 2024, el presidente había obtenido el 77,7% de los votos en 444 condados vinculados con la actividad agropecuaria. Ahora, Miller anticipa una competencia mucho más ajustada en Texas, donde los republicanos controlan todos los cargos estatales desde hace tres décadas
El funcionario atribuye el descontento a varios factores: el precio de la carne, el aumento de los combustibles y la expansión de los centros de datos en zonas rurales. La Asociación de Ganaderos de Texas y el Suroeste también considera que importar carne no resuelve el problema y reclama medidas para recomponer el rodeo nacional
Bill Bullard, director ejecutivo de R-CALF USA, sostiene que el ingreso de carne extranjera reduce las posibilidades de producción local, la demanda de ganado estadounidense y, en consecuencia, el precio que reciben los productores
El reclamo por el ganado mexicano
Miller también cuestiona la prohibición de importar ganado vivo desde México, adoptada para contener el gusano barrenador. Estados Unidos recibía normalmente 1,5 millones de animales mexicanos por año, destinados a los pastizales, los corrales de engorde y las plantas de procesamiento
El funcionario afirma que el cierre fronterizo, vigente desde mayo de 2025, podría responder también a razones políticas en medio de las tensiones comerciales. Recuerda además que hubo brotes de gusano barrenador en las décadas de 1960, 1970 y 1980 sin que se clausurara por completo la frontera
El gobierno reanudó parcialmente el ingreso de ganado mexicano a través de un paso de Arizona, pero el cruce por Texas continúa cerrado
La demanda se mantiene pese a los precios
Mientras los productores expresan su preocupación, el consumo sigue firme. En Texas, el estado con mayor cantidad de ganado y uno de los principales mercados de carne del país, los restaurantes continúan recibiendo clientes
En Stephenville, un comensal contó que un ojo de bife cuesta 19,99 dólares por libra, mientras que un bife de chorizo ronda los 17,99 dólares. Antes del repunte inflacionario de 2022, esos cortes podían conseguirse por entre 10 y 11 dólares