NUEVA YORK. La Organización de las Naciones Unidas atraviesa una contradicción profunda: sus procedimientos suelen ser lentos e ineficaces, pero los problemas que enfrenta el mundo requieren más cooperación internacional, no menos

La administración de Donald Trump mantiene cuotas pendientes con la ONU, mientras 141 países, entre ellos Haití, Somalia y la República Democrática del Congo, están al día. Al mismo tiempo, el presidente estadounidense utilizó su discurso ante la organización para amenazar con “aniquilar” a Irán y “condenarlo al infierno”

El episodio refleja una tendencia más amplia. Según el Comité Internacional de la Cruz Roja, existen alrededor de 130 conflictos armados activos, más del doble que en 2009. A eso se suman amenazas que ningún país puede resolver por sí solo: epidemias, drogas, inteligencia artificial, ciberataques, terrorismo, trata de personas, cambio climático y guerras como las de Ucrania, Sudán y Gaza

Una burocracia que también salva vidas

La ONU ha sido criticada por producir documentos en lugar de resolver conflictos. Sus decisiones quedaron paralizadas durante las masacres de bosnios, ruandeses y yazidíes, y su burocracia frustró en numerosas ocasiones a quienes trabajaban en zonas de guerra

En 2009, durante la cobertura del genocidio de Darfur, fue retirada una escolta de seguridad por temor a que pudiera asociarse a sus integrantes con críticas contra Sudán. Nadia Murad, premio Nobel de la Paz, recordó que nadie acudió en ayuda de su comunidad yazidí durante el asedio del Estado Islámico en Irak en 2014. Fue secuestrada y sufrió abusos; su madre y seis hermanos fueron asesinados

Sin embargo, Murad también destacó que trabajadores de la ONU permanecieron en sus puestos cuando otros abandonaron las zonas de riesgo. “Ese trabajo es indispensable”, sostuvo, aunque reclamó que la organización mejore su desempeño

En la República Centroafricana, Somalia, Sudán del Sur, la República Democrática del Congo y Yemen, equipos humanitarios han continuado sus tareas en condiciones extremas. Algunos viven en contenedores o tiendas de campaña, recorren rutas peligrosas y se enfrentan a grupos armados para asistir a víctimas de la guerra, las enfermedades y la violencia sexual

El costo humano de las misiones internacionales

La labor de la ONU también incluye campañas sanitarias y alimentarias. James P. Grant, al frente de Unicef, impulsó desde 1982 programas de vacunación y tratamientos contra la diarrea que contribuyeron a salvar 25 millones de vidas, además de muchas otras desde entonces

El año pasado murieron 136 empleados de la organización mientras cumplían sus funciones. Otros 73 integrantes del personal permanecen prisioneros de los hutíes en Yemen

Actualmente, trabajadores internacionales participan en la respuesta al ébola en la República Democrática del Congo, alimentan a niños en Somalia y distribuyen asistencia humanitaria en Gaza. Mientras Estados Unidos suministró bombas de 900 kilos utilizadas por Israel en la destrucción de barrios, la ONU intentó facilitar la paz y el ingreso de ayuda a través de los puestos de control israelíes

El retroceso del multilateralismo

La invasión rusa de Ucrania, el ataque estadounidense contra Irán y el debilitamiento de la ayuda internacional representan lo contrario de la cooperación multilateral. La decisión de Elon Musk de “arrojar a USAID a la trituradora de madera” fue vinculada a una estimación de más de 750.000 muertes

Los ataques de Trump contra la OTAN benefician a Rusia; su ofensiva contra la Corte Penal Internacional favorece a los señores de la guerra, y el retiro de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud deja más expuesta la respuesta global frente a los virus

La ONU puede ser cuestionada por sus fallas, pero millones de niños sufrirían consecuencias aún mayores sin Unicef, el Programa Mundial de Alimentos, la Agencia de la ONU para los Refugiados y la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios

Una elección decisiva para el futuro de la organización

La organización es uno de los pilares debilitados del orden internacional construido después de la Segunda Guerra Mundial. Su parálisis no depende únicamente de sus procedimientos: las grandes potencias imponen condiciones, bloquean iniciativas mediante el veto y, en el caso de Estados Unidos, reducen los recursos disponibles

La situación podría agravarse con la elección del próximo secretario general, prevista para este año. El contexto exige una figura con capacidad política y autoridad para responder a las crisis humanitarias y de seguridad

Pero Estados Unidos, China y Rusia podrían no respaldar a ninguno de los candidatos actuales. El riesgo es que opten por una figura débil y excesivamente moderada, lo que dejaría a las Naciones Unidas aún más marginadas

El resultado podría traducirse en más brotes de ébola, nuevos conflictos y una mayor incapacidad para enfrentar las amenazas comunes. La organización necesita reformas profundas, pero su desaparición o irrelevancia dejaría al mundo con menos herramientas para responder a sus crisis