Los desastres recientes en Asia volvieron a poner sobre la mesa el valor de la infraestructura verde. Los árboles no detienen un evento extremo, pero sí pueden disminuir sus efectos al estabilizar suelos, reducir deslizamientos, regular el ciclo del agua y moderar inundaciones

También cumplen un papel importante frente a tormentas, marejadas y erosión costera. En ecosistemas como los manglares, su función puede ser decisiva como barrera natural ante tsunamis y otros impactos marinos

Una ciudad con déficit de verde

En Lima Metropolitana, la disponibilidad de áreas verdes sigue siendo baja frente a lo recomendado internacionalmente. El promedio llega a 2,84 metros cuadrados por habitante, muy lejos de los 9 metros cuadrados sugeridos por la Organización Mundial de la Salud

La diferencia entre distritos es marcada. San Isidro registra 19,31 m² por habitante, San Borja 11,85 m² y La Molina 20,12 m², mientras que zonas densamente pobladas como San Juan de Lurigancho, El Agustino y Villa María del Triunfo no alcanzan siquiera los 2 m² por persona

El riesgo de vivir con menos árboles

Los distritos con menor cobertura vegetal enfrentan una desventaja adicional ante emergencias naturales. Con menos superficie verde, tienen menos capacidad para amortiguar impactos, infiltrar agua y ofrecer una protección mínima frente a fenómenos extremos

La brecha confirma que el acceso a espacios verdes en Lima no es uniforme y que la preparación urbana frente a desastres depende también de cómo se distribuye y se cuida la vegetación en cada zona

Las cifras mencionadas corresponden a estimaciones sujetas a actualización