Conservar la salud y el bienestar con el paso del tiempo puede depender de decisiones cotidianas. Arthur C. Brooks, científico social de la Universidad de Harvard especializado en el estudio de la felicidad, analizó qué características comparten las personas que llegan a edades avanzadas con buena salud y satisfacción personal

Sus conclusiones se apoyan en buena medida en el Harvard Study of Adult Development, una investigación de 85 años sobre el desarrollo humano y el bienestar. Al combinar los indicadores de salud y felicidad, Brooks distinguió cuatro grupos y observó que quienes presentan buenos resultados en ambas áreas suelen compartir siete hábitos

Cuatro prácticas para cuidar la salud física

El primer conjunto de hábitos está relacionado con el cuidado del cuerpo: llevar una alimentación equilibrada, hacer ejercicio con regularidad, evitar el tabaco y mantener una relación moderada con el alcohol y otras sustancias

Brooks sostiene que no se trata de adoptar conductas extremas. La actividad física debe formar parte de la rutina, pero el exceso también puede provocar daños mecánicos. Del mismo modo, quienes tuvieron problemas de adicción y lograron dejarlos pueden recuperar mejores condiciones para cuidar su salud

El investigador contó que comenzó a consumir nicotina a los 13 años, fumó durante sus veinte y abandonó el hábito a los 26. También advirtió que los fumadores de toda la vida enfrentan una probabilidad de siete sobre diez de morir por una enfermedad relacionada con el tabaco

Aprender y desarrollar herramientas para afrontar las dificultades

Los otros tres hábitos se vinculan con la manera de enfrentar la vida. El primero es mantener la curiosidad y continuar aprendiendo. Leer, incorporar conocimientos y conservar el interés por descubrir cosas nuevas son prácticas asociadas con mejores niveles de salud y bienestar

Para Brooks, seguir aprendiendo no exige necesariamente una formación académica. Lo central es mantener la mente activa y cultivar una actitud abierta frente a lo desconocido

El segundo hábito psicológico consiste en adquirir recursos para atravesar los problemas. En lugar de esperar que las dificultades desaparezcan por sí solas, las personas pueden desarrollar estrategias para responder ante ellas

Las herramientas pueden ser diferentes para cada individuo: terapia, oración, meditación o escritura personal son algunas de las alternativas mencionadas por el investigador. Lo importante, según su análisis, es contar con una forma efectiva de afrontar la adversidad y practicarla hasta adquirir habilidad

El papel central del amor y los vínculos cercanos

El séptimo hábito es el que Brooks considera más importante: conservar relaciones afectivas estrechas. Quienes llegan a la vejez con buena salud y felicidad suelen tener un matrimonio sólido, amistades cercanas o ambas formas de compañía

Desde esta perspectiva, los vínculos personales no son un complemento del bienestar, sino uno de sus pilares. La cercanía con otras personas aporta apoyo, compañía y sentido, elementos que no pueden ser reemplazados por otros logros individuales

Disfrute, satisfacción y propósito

Brooks también describe la felicidad como una combinación de tres componentes. El primero es el disfrute, que se potencia cuando las experiencias placenteras se comparten con otras personas y se conectan con recuerdos significativos

El segundo es la satisfacción, que aparece como recompensa después del esfuerzo. Desde su mirada, las personas necesitan afrontar desafíos, trabajar por objetivos y atravesar dificultades para valorar aquello que consiguen

El tercer componente es el propósito: la percepción de que la vida tiene sentido. Las respuestas sobre qué produce ese sentido son personales y no existe una única fórmula. Para Brooks, el problema no está en responder de una manera u otra, sino en no hacerse nunca esa pregunta