Gringo pasó años en un refugio después de sobrevivir a una herida grave en una pata trasera. Había sido rescatado en San Martín de Porres, donde deambulaba cojeando y con la infección ya avanzada. La cirugía salvó su vida, pero también lo dejó con una discapacidad que lo convirtió en uno de esos perros que suelen esperar más tiempo por una familia
La espera fue larga: seis años en Chilca, al sur de Lima, hasta que Andrea Hernández y su familia decidieron abrirle la puerta de casa. Lo que empezó como una estadía temporal por Navidad terminó en adopción definitiva. Hoy, en Lima, se reparten su cuidado entre varios integrantes de la familia y el perro ya forma parte de la rutina diaria
Cuando el refugio no alcanza
En el albergue, los animales tienen techo, comida y agua, pero no siempre reciben el tiempo ni la cercanía que necesitan para recuperarse del todo. Esa es la razón por la que algunos perros, aun estando a salvo, siguen esperando una vida completa fuera del refugio
Andrea lo resumió con una idea simple: muchos descartan adoptar a un perro mayor o con necesidades especiales por creer que implica demasiado gasto o demasiada preocupación. En su experiencia, ocurre lo contrario: son animales profundamente agradecidos
La misma lógica llevó a Karina Escobar y a su esposo a adoptar a Raúl y Layca, dos perros que también pasaron seis años en Chilca. Llegaron a su departamento de San Isidro y se adaptaron rápido. Karina ya había rescatado animales antes y sostiene que, cuando están acompañados, atraviesan mejor los momentos en que deben quedarse solos
Dos vidas, una misma segunda oportunidad
Raúl y Layca comparten hogar, pero no historia. Él fue hallado con señales de abandono; ella estaba desnutrida, con pulgas, garrapatas y problemas de salud. Ambos terminaron convertidos en compañía inseparable para la pareja que los adoptó
Algo parecido ocurrió con Pepper, una perra mayor encontrada enferma, con problemas severos en la piel y casi sin pelaje. Tras pasar un tiempo en el refugio, fue adoptada por Jeanette Zevallos y Alan Christopherson, quienes ya convivían con Ginger. Desde entonces, las dos perras salen a caminar todos los días y se acompañan sin conflicto
También está Munay, que por ahora vive en un hogar temporal con Daniel Castillo. Él perdió a su perro anterior en 2023 y recién tiempo después sintió que podía volver a abrir su casa. Aunque todavía no define si la adopción será definitiva, ya organizó su vida en torno a las salidas y la rutina del animal
Qué necesita un perro senior
La médica veterinaria María Lourdes Velarde explica que la actividad física sigue siendo fundamental en todas las etapas de la vida. Recomienda paseos más cortos, a ritmo tranquilo y respetando los descansos, porque envejecer no significa dejar de salir
Según la especialista, la etapa senior suele ubicarse entre los 5 y 7 años, dependiendo de la raza. En ese período aconseja controles veterinarios cada seis meses y un geriátrico al menos una vez por año
Velarde también advierte que cambios como caminar menos, desorientarse, dormir más o mostrar dolor pueden ser señales tempranas de enfermedad. Y aclara que la pérdida de dientes no es normal con la edad: suele responder a problemas periodontales no tratados. Por eso recomienda higiene dental frecuente con productos especiales
Las historias de Gringo, Raúl, Layca, Pepper y Munay dejan una idea clara: adoptar a un perro mayor o con una necesidad especial no es asumir un final difícil, sino ofrecerle la posibilidad de vivir el resto de su vida acompañado