Más de diez jornadas con poco sol pueden dejar algo más que un paisaje gris. En algunas personas, la falta de luz modifica el funcionamiento del reloj biológico y se traduce en cansancio, irritabilidad, menor sociabilidad y una sensación pasajera de desánimo

La luz pone en hora al organismo

La luz que ingresa por los ojos llega al núcleo supraquiasmático, un pequeño grupo de neuronas que funciona como reloj central del cuerpo. Allí se registra la diferencia entre el día y la noche

La luz intensa de la mañana ayuda a frenar la producción de melatonina, la hormona que la glándula pineal libera principalmente durante la oscuridad. Cuando el cielo permanece cubierto, esa señal puede ser menos eficaz y la secreción matutina prolongarse

El resultado puede ser una sensación de sueño y falta de energía durante buena parte del día. La vitamina D también interviene en el descanso y en la regulación de algunos neurotransmisores; su carencia puede confundirse con una falta de sueño

El efecto sobre el ánimo

La menor luminosidad también se relaciona con la serotonina, un neurotransmisor asociado al bienestar y a una vigilia adecuada. Por eso, durante períodos de poca luz pueden aparecer cansancio, mal humor, ansiedad y menos ganas de interactuar

Dormir mal además puede dificultar la lectura de las microexpresiones y empeorar las reacciones cotidianas. El encierro y la reducción de los encuentros sociales pueden reforzar ese efecto

Estos cambios no implican necesariamente una depresión mayor. En general, se trata de manifestaciones transitorias. El Trastorno Afectivo Estacional, en cambio, es un subtipo de depresión asociado a un patrón estacional, dura semanas y afecta la vida diaria

Rutinas para reemplazar la señal solar

Cuando falta luz, algunas señales regulares pueden ayudar a sincronizar el organismo: despertarse, desayunar, hacer ejercicio y almorzar siempre en horarios similares

También se recomienda salir al exterior durante las horas centrales del día. Incluso con cielo cubierto, la intensidad lumínica afuera supera a la de los espacios interiores

Una alimentación que incluya fuentes de vitamina D, como pescados grasos, huevos y lácteos enriquecidos, puede complementar esas medidas. En algunos casos se utilizan lámparas de fototerapia durante 20 a 30 minutos al despertar, con orientación profesional

Cuándo conviene consultar

La sensibilidad al clima varía. Pueden estar más expuestas las personas con antecedentes de depresión o ansiedad, las mujeres y los adultos mayores

Es aconsejable pedir ayuda si el malestar se mantiene durante más de dos semanas, afecta el trabajo, los vínculos o la vida cotidiana, o aparece desesperanza. No hace falta esperar a que el problema se vuelva crónico

Menos horas y menos intensidad de luz

En Buenos Aires, la luz diurna pasa de unas 14 horas y 35 minutos en torno al solsticio de verano a aproximadamente 9 horas y 50 minutos en el de invierno

Durante el invierno, el sol también alcanza una altura menor. Por eso, aun con cielo despejado, la radiación incidente disminuye aproximadamente entre un 50% y un 60%

El cielo se considera cubierto cuando las nubes tapan entre el 87% y el 100% del cielo. La humedad del Río de la Plata y del Atlántico, los vientos del este y los frentes fríos débiles favorecen la persistencia de la nubosidad. La confirmación de si la temporada fue excepcional requiere esperar las estadísticas oficiales