Rayma Suprani descubrió desde niña que el dibujo podía ayudarla a observar y expresar aquello que le costaba decir con palabras. Con el tiempo, esa herramienta se convirtió en su manera de analizar la realidad y abordar temas políticos y sociales
La lectura de Mafalda, creada por Quino, fue determinante en su formación. A través de sus viñetas comprendió que una caricatura podía revelar conflictos, cuestionar el poder y comunicar ideas que muchas veces permanecen ocultas
Una carrera marcada por la viñeta diaria
Mientras estudiaba Comunicación Social, Suprani entendió que el periodismo y el dibujo podían integrarse en una misma profesión. Después de graduarse, trabajó durante 19 años en el diario venezolano El Universal, donde publicó una caricatura cada día
La tarea se desarrolló durante los años de fuerte polarización política asociados al gobierno de Hugo Chávez. Para la dibujante, sostener una mirada propia en ese contexto fue una exigente práctica profesional, pero también una etapa decisiva para su formación periodística, gráfica y comunicacional
El despido y la salida de Venezuela
Según relató Suprani, la venta del periódico modificó su línea editorial. En una reunión, un nuevo editor le pidió que redujera la intensidad de sus contenidos y adoptara una posición más moderada
La caricaturista decidió hacer lo contrario. En 2014 publicó una viñeta crítica sobre el sistema público de salud venezolano y poco después fue despedida
Tras dejar el periódico, trasladó buena parte de su trabajo a las redes sociales. Sin embargo, las amenazas y las citaciones de la Fiscalía venezolana aumentaron su preocupación por la seguridad. En 2015 emigró a Estados Unidos para poder trabajar con mayor libertad
La migración implicó comenzar nuevamente en los planos personal, económico y profesional. Suprani explicó que abandonar el país supone aprender desde cero dónde vivir, cómo trabajar y cómo reconstruir la vida cotidiana
El desarraigo como materia artística
La experiencia del exilio amplió el alcance de sus dibujos. Sus obras comenzaron a explorar fenómenos como el control social y la manipulación ciudadana desde una perspectiva internacional
En Estados Unidos desarrolló Amor en tiempos de Trump, una serie vinculada con la campaña presidencial que enfrentó a Donald Trump y Hillary Clinton. El proyecto abordó la persecución contra la inmigración latina y las tensiones sociales de ese período
Más tarde creó Yo, inmigrante, una muestra que luego se transformó en libro. El trabajo nació como una forma de comprender el desarraigo, el duelo y la nostalgia, pero con el tiempo se convirtió en una experiencia compartida con públicos de México, Barcelona, Madrid y distintas ciudades estadounidenses
Uno de los símbolos centrales de la obra es la maleta. Para Suprani, representa tanto el viaje como la identidad de quien migra: no solo contiene objetos, sino también recuerdos, pérdidas y experiencias
La imagen está relacionada con su historia familiar. Sus abuelos, inmigrantes italianos, llegaron a Venezuela huyendo de la guerra y conservaron antiguos baúles de madera que quedaron como tesoros familiares
En una caricatura presentada en Ciudad de México, la artista representó el recorrido de la existencia mediante tres objetos: el baúl como imagen del pasado, la maleta como símbolo del presente y el ataúd como representación del futuro. La obra plantea que el equipaje definitivo de una persona está compuesto por sus vivencias
Los temas que todavía busca dibujar
Suprani proyecta nuevas obras sobre la evolución de la mujer contemporánea y sobre los mecanismos que pueden manipular, adormecer o desconectar a una sociedad
Su objetivo no es ofrecer respuestas definitivas, sino acompañar al público y estimular preguntas. En esa búsqueda permanece la influencia de Mafalda: una mirada capaz de observar el mundo con inocencia, ironía y espíritu crítico