En las últimas semanas creció la preocupación por la disponibilidad de suplementos de vitamina D y por la posible expansión de su déficit en Argentina. La exposición al sol, sobre todo en invierno, y una dieta insuficiente son factores que pueden explicar ese escenario

La vitamina D cumple un rol clave en el organismo. Aunque se la conoce como vitamina, funciona de manera similar a una hormona y participa en múltiples procesos biológicos. Su tarea más conocida está vinculada con el calcio, el fósforo y la salud ósea, ya que facilita la absorción de esos nutrientes y contribuye a mantener una mineralización adecuada de los huesos

Un nutriente clave para huesos y músculos

La licenciada Mariela Abaurre, investigadora de la Universidad Maza, explicó que la vitamina D ayuda a regular el calcio y el fósforo, además de intervenir en la diferenciación celular y en la secreción y el metabolismo de hormonas como la paratiroidea y la insulina. También señaló que puede sintetizarse en la piel por acción de la luz solar y obtenerse a través de la alimentación

Cuando la deficiencia es importante y se mantiene en el tiempo, pueden aparecer consecuencias sobre huesos y músculos. En niños, una carencia grave puede derivar en raquitismo; en adultos, favorecer la osteomalacia

Por qué baja en invierno

La producción de vitamina D depende de varias variables: estación del año, latitud, horario de exposición, edad, pigmentación de la piel, superficie corporal expuesta y hábitos cotidianos

En invierno, varias de esas condiciones cambian a la vez. Se pasa menos tiempo al aire libre y la ropa de abrigo cubre más piel. A eso se suma que la radiación UVB varía según la época y la ubicación geográfica. Por eso, vivir en un país con muchos días soleados no asegura niveles adecuados durante todo el año

Una investigación de la Universidad Maza registró en Argentina una prevalencia promedio de deficiencia de vitamina D del 43,3% en la población analizada

Qué alimentos pueden aportar vitamina D

Además del sol, algunos alimentos ayudan a sostener niveles adecuados de esta vitamina. Entre ellos figuran los pescados grasos, como salmón, atún, caballa y sardinas; el hígado de res; la yema del huevo; la leche, el yogur y el queso enriquecidos; y hongos expuestos a la luz ultravioleta, como los champiñones

También pueden aportar cereales fortificados, bebidas como la leche de soja y jugo de naranja enriquecido. En menor medida, ciertos alimentos como palta, bananas, lentejas y garbanzos pueden contribuir al metabolismo y la absorción por su contenido de magnesio y otros nutrientes que acompañan ese proceso

Mantener una exposición solar prudente y una alimentación variada sigue siendo una de las claves para prevenir la deficiencia y cuidar la salud ósea