Caroline Kennedy, de 68 años, vuelve a mostrar actividad pública después de atravesar otra pérdida decisiva: la muerte de su hija Tatiana, de 35, el 30 de diciembre de 2025, a causa de una leucemia mieloide aguda
La primogénita de John F. Kennedy y Jackie Bouvier reanudó su agenda con un que combina política, servicio público y una discreción que la acompañó durante décadas
Su primera aparición tras el funeral de Tatiana, celebrado el 5 de enero en la iglesia de San Ignacio de Loyola, en Nueva York, fue a fines de marzo, cuando participó junto con su marido, Edwin Schlossberg, en una entrevista televisiva para respaldar la candidatura de su hijo menor, Jack, a una banca en el Congreso por el distrito 12 de Nueva York
Un mes más tarde asistió a la gala anual de The King’s Trust Global en Christie’s, Nueva York. Aunque estaba previsto que circulara por la zona de Rockefeller Plaza, no fue fotografiada. Sí se difundió luego una imagen suya a principios de mayo, con ropa deportiva y junto a Jack en Manhattan
A fines de ese mismo mes encabezó una ceremonia en la Biblioteca Presidencial JFK, en Boston, ante unas 600 personas y rodeada de familiares y amigos. Allí destacó el trabajo de su hijo menor para mantener vivo el legado de JFK y le agradeció haber contribuido a que muchas personas volvieran a confiar en la política
También recordó a Tatiana, que había integrado el consejo de administración de la biblioteca y, según dijo, había representado todo aquello en lo que creían sus padres durante su vida “maravillosa, extraordinaria y demasiado breve”. En ese acto entregó la edición 2026 del John F. Kennedy Profile in Courage, el premio que creó en 1989 y que se inspira en el libro con el que su padre obtuvo el Pulitzer en 1957
Una figura pública desde la infancia
Antes de sus títulos académicos en Bellas Artes por Harvard y en Derecho por Columbia, Caroline ya era una figura pública. Nació el 27 de noviembre de 1957 en Nueva York y creció bajo la atención constante de la opinión pública
Durante años fue presentada como la “princesa” de la familia Kennedy, una comparación reforzada por la manera en que Jackie intentó preservar la intimidad de sus hijos. Aun así, una generación entera la vio crecer en fotografías que la mostraban jugando en Palm Beach, reaccionando al nacimiento de su hermano John Jr. o montando a Macaroni, el pony que le regaló Lyndon B. Johnson
La imagen que más quedó asociada a ella fue la del funeral de su padre, en noviembre de 1963. Tenía cinco años, llevaba una vincha y un blazer celeste, y aparecía junto a su madre y a su hermano en uno de los momentos más dolorosos de la historia estadounidense
Desde entonces, Caroline enfrentó otras muertes familiares: su tío Robert F. Kennedy en 1968, su madre en 1994 por un linfoma no Hodgkin, su hermano John Jr. y Carolyn Bessette en 1999, y ahora su hija Tatiana
Discreción, matrimonio y memoria familiar
Su estilo también quedó ligado al bajo : prendas sobrias, abrigos clásicos y apariciones contadas. En 1986 se casó con Edwin Arthur Schlossberg, artista y diseñador, en una relación que nació en el mundo del arte, la cultura y la intelectualidad
La pareja tuvo tres hijos: Rose, Tatiana y John, llamado Jack. A lo largo de cuatro décadas de matrimonio, ambos mantuvieron una vida reservada y con pocas apariciones conjuntas
En los últimos meses, Caroline y su marido se trasladaron al departamento de Park Avenue de Tatiana y de su esposo, George Moran, para ayudar en la crianza de Edwin, de 4 años, y Josephine, de 2
Jack Schlossberg describió a su madre como una mujer capaz de encontrar fuerza aun en los momentos más duros. Caroline, en pleno duelo, acompañó también la campaña de Jack y siguió de cerca a Rose, que donó células madre a Tatiana durante su enfermedad
Además de cuidar a sus nietos, asumió una tarea simbólica: asegurar que crezcan con memoria de quién fue su madre. Ese gesto, en una familia atravesada por pérdidas repetidas, también resume su lugar en la historia Kennedy: sostener, recordar y seguir adelante