El impulso que dio forma al sionismo en la segunda mitad del siglo XIX estuvo estrechamente vinculado con la discriminación persistente y la violencia sufrida por los judíos, sobre todo en Europa. A lo largo de la historia abundaron expresiones de antisemitismo: la Inquisición, los pogromos en Europa oriental, las restricciones para estudiar o trabajar, el encierro en guetos y, finalmente, el Holocausto, en el que fueron asesinados seis millones de judíos

En ese contexto, el caso Dreyfus, en Francia, marcó un punto de inflexión para Theodor Herzl. Desde entonces, la idea de regresar a la tierra de origen dejó de ser solo un ideal religioso o simbólico y empezó a tomar forma política. La propuesta consistía en ofrecer a los judíos una patria en un territorio ligado a sus raíces: la zona de Palestina definida tras la Primera Guerra Mundial

Esa región nunca estuvo vacía de presencia judía. Bajo los dominios romano, otomano e inglés, convivieron comunidades judías y población árabe musulmana. La formulación sionista, en ese sentido, puede entenderse como una respuesta a la vulnerabilidad provocada por un antisemitismo extendido en distintos países

La tragedia del Holocausto contribuyó además a que la ONU aprobara la partición del territorio en dos Estados, uno árabe o palestino y otro judío, que luego adoptó el nombre de Israel. Apoyar la existencia de Israel no equivale, sin embargo, a respaldar sin matices cada decisión de sus gobernantes

Criticar a un primer ministro o a una política concreta es una posición legítima, tanto para judíos como para no judíos. Del mismo modo, el sionismo no impide reconocer el derecho a un Estado palestino. En contraste, Hamas y Hezbollah sostienen objetivos que apuntan a la desaparición de Israel

También conviene recordar que Isaac Rabin y Yasser Arafat firmaron un acuerdo de reconocimiento mutuo, aunque ese entendimiento se debilitó con el tiempo. Por eso resulta erróneo mezclar antisemitismo, antisionismo y oposición a un gobierno israelí como si fueran lo mismo

En medio del conflicto actual, esa confusión se vuelve todavía más visible. Los verdaderos antisemitas aprovechan el clima de tensión para expandir su odio, mientras que quienes defienden la existencia de Israel quedan a menudo atrapados en un debate deformado por definiciones imprecisas