El Gobierno ya piensa en la campaña con una premisa fija: sostener el programa económico sin giros de emergencia. La consigna es evitar un “plan platita” y, al mismo tiempo, encontrar una forma de mejorar el bolsillo de parte del electorado sin romper la disciplina fiscal

En la cúpula oficialista reconocen que la baja de la inflación no alcanza para compensar a todos los votantes que acompañaron a Javier Milei en 2023 y 2025. También admiten que la economía crece, pero a un ritmo todavía bajo. La apuesta es acelerar esa dinámica para que el efecto llegue a más sectores antes de la elección

Crecimiento, no atajos

En la Casa Rosada insisten en que no habrá aumentos de subsidios ni medidas de gasto masivo. La idea es anticipar inversiones y empujar sectores con mayor capacidad de tracción, como la minería y el agro, aunque eso deje más rezagadas a ramas como la industria y el comercio

En esa línea se inscriben decisiones recientes, como la habilitación para que los bancos presten parte de los depósitos en dólares a empresas, bajo el argumento de que eso puede ayudar a reactivar la actividad

Acuerdos con cálculo político

Dentro del oficialismo hay vocación de sumar aliados, pero no todos coinciden en el momento ni en el alcance de esos pactos. Luis Caputo empuja entendimientos tempranos para despejar incertidumbre y aislar el llamado “riesgo kuka”, que considera el principal factor de inestabilidad

Otros sectores del Gobierno prefieren esperar y llegar a octubre con más margen. Sostienen que cualquier acuerdo debe servir también para fortalecer la representación legislativa y ampliar la capacidad de defensa del programa en el Congreso

La economía que puede pesar en el voto

La inquietud por la actividad y el endeudamiento de los hogares ya circula en los despachos oficiales. La caída de empresas activas y el aumento de la mora aparecen como señales que podrían impactar en la clase media si la oposición las convierte en bandera

Por eso, en el Gobierno admiten que habrá que mostrar empatía con los sectores más golpeados, aunque sin recursos frescos. El desafío es político y económico a la vez: sostener el rumbo, contener el desgaste y llegar mejor parado a la elección

El mapa de alianzas

En la reanudación del diálogo con referentes del macrismo y otros espacios afines, la prioridad pasó a ser cómo cuidar el cambio sin volver a la lógica de 2019. Mauricio Macri, según deslizan en su entorno, está dispuesto a explorar todas las instancias para blindar el rumbo

Patricia Bullrich también impulsa una coalición amplia entre los sectores anti kirchneristas. En cambio, en el núcleo más cercano a Karina Milei predomina una mirada más selectiva: quieren acuerdos, pero sólo si fortalecen a La Libertad Avanza y no comprometen su autonomía territorial

Con esa lógica, el oficialismo descarta apuros. En su lectura, el programa económico sigue firme y cuenta con el respaldo suficiente en Diputados para resistir eventuales embates. El objetivo, por ahora, es llegar a la elección con más crecimiento, más orden interno y más margen político