La crisis de representación que estalló en 2001 dejó una marca larga en la política argentina. Con el tiempo, el peronismo se reordenó detrás del kirchnerismo y el no peronismo alrededor de Pro, hasta que la polarización volvió a concentrar casi todo el voto en 2019. Pero esa recomposición se desarmó después, entre la pandemia y el deterioro económico, y abrió paso a Javier Milei como expresión del desencanto social
Ese malestar no desapareció. Un relevamiento de Hugo Haime muestra que el 42% se siente triste y desanimado, el 34% reconoce bronca y solo el 20% dice estar contento y esperanzado. En la misma medición, la preocupación por la caída del salario superó por primera vez a la corrupción como principal problema. Y el 65% cree que el país necesita un cambio total o parcial del modelo económico
El Gobierno mira hacia afuera
En ese clima, Milei encuentra una ventaja política: una oposición dividida frente a un oficialismo minoritario pero compacto. Sin embargo, el Presidente también exhibe nerviosismo ante el deterioro de su imagen y la falta de una recomposición clara con la sociedad
Una salida que eligió fue desplazar parte de la discusión al plano internacional. Su vínculo con la agenda de Donald Trump aparece como un eje visible de esa estrategia
En su pulseada con Lula da Silva, Milei volvió a atacarlo con dureza y llegó a repetir una acusación sobre supuestos aportes de US$1000 millones a la campaña de Sergio Massa, una versión de escasa verosimilitud que también deja dudas sobre la calidad de la información que recibe
La lógica se repite en otros puntos. El Presidente habló de una batalla cultural inspirada en Gramsci, acusó al kirchnerismo de haber colonizado medios, universidades y escuelas, y calificó a periodistas, científicos y economistas críticos como “terroristas”
En paralelo, el Gobierno anunció que impedirá el ingreso de extranjeros que promuevan mensajes de odio contra la Argentina, en una línea parecida a la política estadounidense de restringir visas a voces críticas o cercanas a países considerados adversarios, como China
Las conexiones entre ambos mundos parecen pasar por el entorno de Santiago Caputo, uno de los nombres más influyentes cerca del Presidente. También quedó expuesto el ruido en torno a Tactic Global, la consultora vinculada a Leonardo Scatturice, que rompió su contrato con la SIDE
Allí figuraba Barry Bennett, presentado como un enlace con Trump, hasta que la representación oficial de esa relación quedó en manos del embajador Peter Lamelas
Cristina busca una bandera
Enfrentada a la imposibilidad de volver a ser candidata, Cristina Kirchner también busca salir del encierro político con una jugada internacional. Su estrategia consiste en acudir al Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas para cuestionar la inhabilitación perpetua que le impuso la condena
El planteo central es que esa restricción sería inconstitucional y que no se puede negar de manera indefinida el derecho electoral una vez cumplida la pena
La expresidenta contrató para eso a dos abogados de perfiles muy distintos: el brasileño Rafael Valim, cercano a Lula da Silva, y el español Javier Borrego, con simpatías próximas a Vox. El comité no puede ordenar nada a la Justicia argentina, pero sí emitir una recomendación con impacto político
Cristina ya recorrió ese camino en 2014, cuando, tras el bloqueo del conflicto con los holdouts, acudió a organismos de Naciones Unidas para convertir una derrota judicial en capital simbólico
Ahora vuelve a apostar a esa vía. Si obtiene una señal favorable, podrá sostener que su proscripción es ilegítima y reforzar su centralidad dentro del peronismo. La jugada también apunta a Axel Kicillof, que aspira a construir poder propio pero depende en buena medida del voto que todavía conserva Cristina en su base más dura
Las encuestas muestran que ese núcleo sigue vivo. En una medición de Haime, el 53% dice estar de acuerdo con que Cristina esté presa y no pueda ser candidata, mientras el 40% discrepa
En otra encuesta, del CIAS y Luis Schiumerini sobre jóvenes de barrios populares del Gran Buenos Aires, el peronismo conserva una intención de voto alta, con proyección al 67%, mientras La Libertad Avanza ronda el 20% y el Pro apenas aparece
Un peronismo que no termina de rearmarse
Entre esos jóvenes también aparece un dato inquietante: el 61% responde “ninguno” cuando se le preguntan candidatos representativos. Hay desencanto, desenganche y una porción importante todavía sin traducción electoral. Eso explica por qué Cristina puede volver al centro de la escena aun sin competir y por qué el peronismo sigue sin encontrar una renovación clara
En ese tablero, Sergio Massa conserva una capacidad de intervención que nadie quiere subestimar. Si el escenario se desordena y vuelve a sentirse olor a poder, podría presentarse otra vez como el candidato de la unidad, como ya lo hizo en 2023
El foco, de todos modos, también está en la provincia de Buenos Aires. Allí pesan dos incógnitas: si la Legislatura habilitará la reelección indefinida de los intendentes y si la elección será desdoblada. El desenlace de ambas cuestiones puede alterar la fortaleza del peronismo bonaerense y el margen de Axel Kicillof
Del lado oficialista, Diego Santilli aparece por ahora como el nombre para competir en el distrito, aunque no está claro si Milei quiere cederle la provincia a un dirigente que no es enteramente propio. El calendario, más que los nombres, promete ser decisivo
La política y la Justicia, otra vez cruzadas
Mientras tanto, el frente judicial suma tensión. La Cámara de Casación debe resolver si las causas ligadas a la AFA siguen en el fuero Penal Económico o pasan al juzgado federal de Campana, a cargo de Adrián González Charvay
En esa trama aparecen Claudio Tapia, Pablo Toviggino, Javier Faroni, Elías Piccirillo y también el entorno de Massa. El expediente inquieta por el volumen de dinero involucrado y por lo que podría derivarse si la investigación avanza fuera del país
También vuelven a circular nombres para la Corte y para cargos clave como la Procuración General. Entre los posibles candidatos aparecen Mariano Borinsky, Mariano Llorens, Claudia Sbdar, Mariana Catalano, Karina Perilli y Ariel Lijo. El Gobierno, además, enfrenta otros casos sensibles, como Andis, $LIBRA y Adorni, que se siguen con atención en Comodoro Py
La escena queda así marcada por una coincidencia incómoda: Milei y Cristina, cada uno a su modo, intentan resolver sus problemas internos mirando hacia afuera. Uno lo hace con Trump como referencia; la otra, con Naciones Unidas como respaldo simbólico. En el medio, siguen la economía, el salario y una sociedad que todavía no encuentra quién la ordene políticamente