El silencio, una canción, un tarareo o una vibración pueden cambiar la manera en que nos sentimos. La explicación está en que el sonido no solo se escucha: también interviene en la respiración, la atención, las emociones y las sensaciones corporales
Patri y Nico, creadores de Frecuencia Sonido, llevan más de veinte años explorando esa relación. Dejaron Buenos Aires y Rosario para instalarse con sus tres hijos en las sierras de San Luis, donde construyeron su casa y comenzaron a fabricar instrumentos de manera autodidacta
En contacto con la naturaleza, descubrieron que ya no sentían la misma necesidad de escuchar música, pero sí una creciente necesidad de crearla. El sonido dejó de ser una actividad que debía aprenderse de manera formal y pasó a convertirse en una forma espontánea de expresión
La voz puede modificar la respiración
Las primeras observaciones surgieron durante encuentros sonoros. Algunas personas alcanzaban estados de profunda relajación y, en talleres escolares, chicos con dificultades para concentrarse lograban sostener la atención y terminar más tranquilos
La voz también puede producir cambios. Sostener una vocal, tararear o cantar modifica el patrón respiratorio. En un estudio experimental, la vocalización prolongada llevó la respiración de los participantes a unas seis respiraciones por minuto
Al producir sonidos con la propia voz, la respiración puede volverse más lenta y regular. Ese cambio también influye sobre el estado fisiológico general
La vibración se percibe en todo el cuerpo
Uno de los primeros instrumentos fabricados por la pareja fue el didjeridoo. Sus sonidos graves y continuos no solo se oyen: también pueden sentirse físicamente
Las vibraciones pueden estimular la piel, los músculos, la fascia y otros receptores corporales vinculados con el sistema nervioso. En una investigación realizada con 34 participantes y cuencos apoyados sobre el cuerpo, se observaron modificaciones en la actividad eléctrica cerebral y en la frecuencia cardíaca, además de una mayor percepción subjetiva de bienestar
La repetición y la continuidad del sonido también pueden funcionar como un punto estable para la atención. Mientras tocaban sus instrumentos, Patri y Nico comenzaron a experimentar estados meditativos profundos. Así, el sonido pasó a ser para ellos una vía posible para permanecer en el presente
Crear música suma participación y coordinación
Escuchar música no es igual que producirla. Al cantar o tocar un instrumento, una persona también respira, coordina movimientos, concentra la atención, genera un sonido y responde a él
Una investigación realizada con integrantes de un coro encontró que la respiración y la variabilidad de la frecuencia cardíaca podían sincronizarse durante el canto. La coordinación era mayor cuando todos cantaban al unísono
La música compartida, por lo tanto, puede organizar algo más que los sonidos. También puede generar una experiencia conjunta de ritmo, atención y respiración
Dos instrumentos para explorar el sonido
Con el tiempo, la búsqueda de Patri y Nico se concentró en dos instrumentos: la tampura y el monocordio. Ambos producen sonidos continuos y ricos en armónicos, aunque ofrecen experiencias diferentes
La tampura genera un sonido pedal estable, propio de la tradición musical india, que permite permanecer dentro de un mismo campo sonoro. El monocordio incorpora además una dimensión corporal: sus numerosas cuerdas producen una vibración que se escucha y se siente al mismo tiempo
Los dos instrumentos reúnen los ejes centrales de su trabajo: continuidad, atención, meditación y vibración
Una experiencia musical sin necesidad de formación
El objetivo de la pareja no es formar músicos profesionales, sino ayudar a que personas sin conocimientos musicales puedan experimentar su propia musicalidad de manera intuitiva
Actualmente viven y trabajan en las sierras de San Luis, donde fabrican instrumentos musicales holísticos y herramientas sonoras que llegan a distintos lugares de Argentina y del mundo. También organizan talleres y retiros, y comparten experiencias sobre sonido, música, meditación y vibroacústica
Para ellos, incorporar música a la vida cotidiana puede ser una forma de reconectar con uno mismo, con los demás, con la naturaleza y con aquello que trasciende la experiencia individual