Aquel 2 de octubre de 2022, Independiente vivió una elección masiva y una ilusión renovada. La salida de la etapa Moyano parecía abrir una nueva página, con Fabián Doman, Néstor Grindetti y Juan Marconi al frente de un proyecto que prometía orden y reconstrucción
Pero el entusiasmo duró poco. La conducción se fue desarmando rápido, con renuncias, peleas internas y una toma de decisiones que dejó más dudas que certezas. Lo que había nacido como una esperanza terminó convertido en un ciclo marcado por la desorientación y las sospechas
Un inicio torcido
El primer movimiento fuerte fue también una advertencia: la salida de Julio Falcioni y la contratación de Leandro Stilitano, un entrenador sin experiencia como principal responsable. A partir de ahí, el equipo acumuló refuerzos de rendimiento muy desigual y apenas algunos sobrevivientes en el tiempo, como Rodrigo Rey
Después llegaron más cambios de rumbo, con Ricardo Zielinski, Carlos Tevez, Julio Vaccari y, finalmente, Jadson Viera como último nombre de una lista larga y poco estable. La continuidad nunca apareció
Mercado de pases bajo presión
La gestión deportiva quedó atravesada por urgencias financieras. Independiente vendió jugadores importantes para cubrir deudas, pero no logró reemplazarlos con igual jerarquía. Gabriel Ávalos, Kevin Lomónaco y Álvaro Angulo salieron en operaciones que, en la práctica, sirvieron más para ordenar compromisos pendientes que para fortalecer el plantel
Al mismo tiempo, el club sumó futbolistas cuyos rendimientos o condiciones generaron interrogantes, en un mercado donde las decisiones parecieron responder más a relaciones y favores que a una planificación sostenida
Representantes, alianzas y desgaste
En ese escenario creció la influencia de intermediarios y empresarios con fuerte incidencia en el armado del plantel. Entre ellos apareció con peso propio Uriel Pérez, figura cercana a varios nombres que llegaron a Avellaneda y a dirigentes del área de fútbol
La convivencia entre la dirigencia y los técnicos también se deterioró. Gustavo Quinteros chocó con la conducción por las incorporaciones y terminó afuera. Antes, otros entrenadores ya habían sufrido una dinámica similar: poco consenso, mucha tensión y escaso respaldo
Deudas, sanciones y un cierre preocupante
La herencia financiera siguió condicionando cada movimiento. El club arrastró compromisos pesados, levantó deudas a fuerza de ventas y hasta recurrió a una colecta para aliviar una parte del ahogo. En paralelo, la planificación deportiva continuó debilitándose
La salida de jugadores como Felipe Loyola y la partida de otros futbolistas en operaciones complejas mostraron que el presente se administró con más apuro que criterio. A eso se sumó el golpe institucional y deportivo de la noche ante Universidad de Chile por la Copa Sudamericana, un episodio que dejó consecuencias serias para adelante
Con las elecciones otra vez cerca, Independiente llega a un punto parecido al de 2022, aunque más deteriorado: deuda futura, plantel corto y un proyecto futbolístico sin señales claras. El cierre de este ciclo deja una conclusión dura para el socio: el club sigue buscando una salida que todavía no aparece