En 1948, Don Carlos Sharp Jr. y Camille Lawton Cunningham llegaron a unas tierras desocupadas de Allendale, Carolina del Sur. Allí iniciaron una explotación que atravesó un incendio, crisis económicas y dificultades sucesorias
Casi ocho décadas después, la nieta de ambos, Rachael Sharp, comparte con su padre la conducción de Sharp & Sharp Certified Seed, una empresa dedicada a producir, acondicionar y comercializar semillas
Una máquina que cambió el negocio
Don Sharp había sido veterano de la Segunda Guerra Mundial y estudió agronomía en la Universidad de Clemson con ayuda del GI Bill. Cuando se instaló en Allendale todavía no tenía experiencia como agricultor
A comienzos de la década de 1950 compró, mediante un préstamo, una máquina limpiadora de semillas. El equipo le permitió procesar su propia producción y ofrecer el servicio a otros productores. Con el tiempo, esa actividad abrió el camino hacia el mercado de semillas certificadas
Su hijo, Don Carlos Sharp III, se incorporó en 1970, después de graduarse en Clemson. Tres años más tarde, un incendio iniciado durante la noche por una chispa en una máquina expendedora destruyó los galpones donde se almacenaban semillas, tractores y equipos de cosecha
La casa pudo ser protegida, pero la recuperación del establecimiento llevó años. El equipo de limpieza estaba asegurado; las semillas almacenadas y la mayoría de los tractores, en cambio, no tenían cobertura. La indemnización permitió reemplazar parte de la maquinaria y el resto de los bienes fue repuesto gradualmente
La sucesión que mantuvo en marcha la explotación
Los fundadores habían dejado la propiedad en partes iguales a sus dos hijos. Don trabajaba en el establecimiento, mientras que su hermana, Camille Wilson Sharp, no participaba de la actividad
Como el negocio no tenía efectivo suficiente para comprar la participación de Camille, la familia acordó una alternativa: Don continuó con la explotación y su hermana conservó unas 500 acres, equivalentes a alrededor de 202 hectáreas, por las que recibió alquileres
La continuidad volvió a ponerse en duda cuando el hermano de Rachael, previsto inicialmente para asumir el negocio, no pudo hacerlo por circunstancias personales. Rachael regresó entonces al campo y tomó a su cargo la contabilidad, las finanzas y la logística
Había obtenido el título de abogada en la Universidad de Carolina del Sur en 2012. Al incorporarse, descubrió que las tareas administrativas requerían tanta atención como las decisiones sobre los cultivos. Su padre sostiene que la explotación no existiría sin su participación
Del lote al laboratorio
La familia cultiva soja, maíz, trigo, algodón, maní, avena y centeno. El trabajo incluye almacenar la producción, limpiarla, procesarla, embolsarla y someterla a controles en el laboratorio de semillas de Carolina del Sur, en Columbia
La certificación comienza con una solicitud que documenta el origen de las semillas. Luego se inspeccionan los cultivos para verificar sus características y detectar plantas que no correspondan al tipo esperado. Los controles continúan después del embolsado y durante el almacenamiento
En los períodos de menor actividad, una máquina de cribas separa de la soja la tierra, los residuos, las semillas rotas y las malezas. Después, el producto se pesa y se envasa. Mientras tanto, la familia revisa tractores y sembradoras, coordina insumos y organiza las labores siguientes
La incorporación de herramientas digitales
Rachael también comenzó a utilizar inteligencia artificial para calcular compras de agroquímicos y preparar informes obligatorios sobre el consumo de agua. Según explicó, los cálculos ayudan a reducir excedentes almacenados y permiten preparar reportes que antes demandaban entre dos y tres días
La abogada revisa los formularios completados con asistencia de la herramienta porque pueden contener errores. Además, digitalizó un cuaderno en el que su padre registra los cultivos desde 1971
La tecnología se utiliza para registrar cargas de maní desde el campo, organizar las semillas almacenadas y preparar informes de consumo de agua. En paralelo, la familia mantiene una relación de unos 75 años con el sistema Farm Credit, que considera importante para atender las necesidades financieras específicas del sector agrícola
La historia de los Sharp también fue incorporada a una publicidad emitida durante el Super Bowl de 2026. Para Don, el regreso de su hija representa una posibilidad concreta de continuidad para un negocio familiar iniciado casi ocho décadas atrás