Los soldados ucranianos desplegados en el frente comenzaron a llamar a sus familias en Kiev para saber si estaban a salvo. La capital, situada lejos de algunas de las líneas de combate, es descrita ahora como una ciudad expuesta de manera constante

En las últimas semanas, Rusia aumentó los ataques con misiles y drones contra Kiev y otras ciudades importantes. Entre los objetivos alcanzados figuran escuelas, hospitales, hoteles, centros de datos, trenes y puentes

El 30 de septiembre, drones dañaron dos comercios cerca de Kiev. Al día siguiente, otro aparato impactó contra una escuela del distrito de Solomianskyi, mientras un centro empresarial fue atacado en la región de Odesa. El 8 de octubre, un dron golpeó una escuela y un jardín infantil en Bucha, en la región de Kiev

El Ministerio de Defensa ruso sostiene que algunos edificios civiles eran utilizados para fabricar o almacenar armas y que sus operaciones se dirigen exclusivamente contra instalaciones militares y de la industria de defensa. Las autoridades ucranianas, en cambio, denuncian un aumento de las víctimas civiles

El defensor del pueblo ucraniano, Dmytro Lubinets, afirmó que los ataques rusos causaron la muerte o heridas a 15.280 civiles entre enero y agosto, un 55% más que durante el mismo período del año anterior. Un ataque ocurrido la semana pasada dejó al menos 25 muertos, incluidos niños, según informó el presidente Volodimir Zelensky

Puentes y servicios esenciales bajo presión

Los bombardeos contra ciudades ucranianas comenzaron con la invasión a gran escala de 2022, pero los analistas consultados describen la etapa actual como una escalada. Kiev recibe ataques durante el día y la noche, lo que impide el funcionamiento normal de escuelas y empresas y mantiene a la población en una incertidumbre permanente

Uno de los focos de la campaña son los puentes que cruzan el río Dniéper. La margen derecha concentra oficinas gubernamentales, empresas y buena parte de la actividad económica; la izquierda reúne principalmente zonas residenciales. Como no existen túneles, los puentes son los únicos cruces para el metro y las carreteras, y millones de personas los utilizan cada día

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Los drones probablemente no tengan potencia suficiente para destruir estructuras de ese tamaño. Sin embargo, los ataques pueden obligar a cerrarlas y bloquear la circulación. Algunos se produjeron durante la hora punta, cuando una interrupción del tránsito expone a más personas y paraliza una mayor cantidad de actividades

También aparecen entre los posibles objetivos los centros de datos, las redes de internet y telefonía móvil, hospitales, guarderías, escuelas y universidades. Con la llegada del invierno, los daños sobre la electricidad, la calefacción y el suministro de agua podrían agravar las condiciones de vida. En algunas zonas de Ucrania, las temperaturas pueden descender hasta los -20 °C

El impacto económico de las alertas

La campaña busca, según distintas evaluaciones ucranianas, presionar al gobierno y quebrar la moral de la población. La interrupción de la vida cotidiana puede transmitir la idea de que las autoridades no pueden proteger a los civiles y aumentar los llamados a una capitulación

Cuando las alertas antiaéreas obligan a cerrar los negocios, la actividad económica se detiene. El ministro de Economía y Medio Ambiente, Oleksandr Kravchenko, calculó que cada hora de cierre cuesta a Ucrania unos US$45 millones. Menos empresas activas también significa menos producción, empleo e ingresos fiscales para financiar la defensa

La presión puede extenderse a la industria militar. Si la población abandona las ciudades o permanece en refugios, las fábricas tienen dificultades para operar y producir armamento. Ucrania ya necesita solicitar más apoyo financiero a sus aliados

Más drones y menos interceptores

La intensificación de los ataques coincide con la escasez de munición para los sistemas Patriot, considerados por las autoridades ucranianas como la defensa más confiable frente a los misiles balísticos. Estados Unidos es el único productor de estos sistemas en volúmenes significativos, mientras sus existencias también fueron utilizadas en otros conflictos

Desde mediados de agosto, Rusia emplea una nueva clase de drones con propulsión a chorro. Vuelan aproximadamente al doble de velocidad que los modelos anteriores, operan a mayor altitud y utilizan sistemas de navegación y localización más sofisticados, por lo que resultan más difíciles de interceptar

Rusia envió 2.850 de estos drones contra Ucrania durante agosto y otros 3.177 hasta el 29 de septiembre. La tasa de interceptación ucraniana ronda entre el 50% y el 55%, aunque en ocasiones alcanza el 60%. Incluso con una eficacia del 80%, una cantidad considerable de proyectiles podría atravesar las defensas cada noche

Ucrania desarrolla nuevas respuestas y al menos cinco empresas ya prueban soluciones. Aun así, las estimaciones más optimistas sitúan en uno o dos meses el plazo necesario para contrarrestar de manera efectiva esta amenaza

Una guerra de presión prolongada

La campaña aérea también se vincula con la falta de avances decisivos de Rusia en tierra. Moscú esperaba una guerra rápida, pero cuatro años y medio después continúa combatiendo por aldeas cercanas al punto de partida de la invasión de febrero de 2022

Los ataques permiten al Kremlin mostrar una imagen de progreso y ejercer presión en un ámbito donde considera que todavía puede actuar. Sin embargo, esa estrategia también refleja las dificultades militares y económicas de Rusia

Por ahora no se produjo un éxodo masivo de Kiev, aunque algunas familias evalúan abandonar la ciudad durante el invierno. El objetivo declarado por funcionarios ucranianos y atribuido por analistas a la campaña rusa sería sembrar miedo, forzar desplazamientos y hacer que la vida civil resulte cada vez más difícil