Carlos Alonso murió esta madrugada a los 97 años en su casa de Unquillo, Córdoba. Su familia comunicó la noticia y destacó la permanencia de su obra y su legado
Durante más de siete décadas, Alonso convirtió la pintura en una forma de observar su tiempo. En sus trabajos convivieron el compromiso político, las pérdidas personales, la violencia social y una permanente exploración de la línea y el color
Una vocación iniciada en la infancia
Había nacido en Tunuyán, Mendoza, en 1929, y pasó sus primeros años en la chacra de sus abuelos. Desde los cinco años dibujaba de manera constante y rechazaba las convenciones del dibujo académico
En 1944 comenzó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo. Allí se formó con Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez, Francisco Bernareggi y Ramón Gómez Cornet. En 1947 recibió su primer premio y, dos años después, realizó su primera exposición en la Galería Giménez de Mendoza
En 1950 se trasladó a Tucumán y se integró al Instituto Superior de Artes, donde tuvo como maestro a Lino E. Spilimbergo. También estudió con Pompeyo Audivert, Lajos Szalay y otros artistas que promovían una renovación de las artes plásticas
Los encuentros con Spilimbergo y otros creadores continuaron en Tucumán, Río Hondo y París. Ese aprendizaje consolidó en Alonso una idea que marcaría toda su trayectoria: la libertad como principio esencial del artista
Reconocimiento temprano e ilustración de clásicos
En 1951 obtuvo los primeros premios de los salones de San Rafael y del Norte. Al año siguiente recibió una beca para viajar a Francia y España, otorgada por la Galería Viau de Buenos Aires
Además de su producción pictórica, desarrolló una extensa labor como ilustrador. En 1957 ganó el concurso para ilustrar la segunda parte de Don Quijote de la Mancha y luego trabajó sobre Martín Fierro. En 1968 viajó a Florencia para realizar ilustraciones de la Divina Comedia, de Dante Alighieri
Sus imágenes de El Quijote también fueron incluidas en una serie de postales editada en la Unión Soviética, junto con obras de Gustave Doré, Honoré Daumier y Pablo Picasso
Una obra marcada por la historia
La producción de Alonso combinó la neofiguración, el informalismo, el lenguaje del cómic, el pop y recursos propios de la narrativa cinematográfica. Su dibujo, de líneas angulosas y firmes, mantuvo una identidad reconocible a lo largo de las décadas
En 1969 inició Lección de anatomía, una serie inspirada en Rembrandt y vinculada a la ejecución de Ernesto Che Guevara. También desarrolló composiciones en las que la figura humana y el cuerpo animal aparecían fusionados como metáforas de la realidad argentina
Esos temas estuvieron presentes en El ganado y lo perdido, exhibida en Roma y Buenos Aires. En 1976, la presentación en la Art Gallery International fue interrumpida por una amenaza de bomba. En paralelo, Alonso trabajaba en la instalación Manos anónimas, actualmente desaparecida
El terrorismo de Estado lo llevó al exilio junto con su esposa Teresa y su hijo Pablo. En 1977 desapareció su hija Paloma, una tragedia que profundizó la dimensión testimonial de su obra
Regreso, murales y consagración
Alonso volvió a la Argentina en 1981 y, al año siguiente, se radicó en Córdoba. Desde allí continuó exponiendo en el país y en el exterior. En 1984 participó de la Bienal de La Habana, donde recibió el Premio Orozco, Rivera y Siqueiros
En 1990 presentó en el Museo Nacional de Bellas Artes El pintor caminante, una serie dedicada a Vincent van Gogh. En 1994 realizó el mural Con los pies en la tierra para la cúpula de Galerías Pacífico y también pintó paneles para el Teatro del Libertador General San Martín de Córdoba
Su trayectoria incluyó una invitación a la Bienal de Venecia y el Premio Konex de Platino. En el Centro Cultural Recoleta expuso dibujos relacionados con el terrorismo de Estado y la reconstrucción de una década atravesada por la violencia
Durante los años siguientes presentó series como Hay que comer, trabajos sobre el infierno de Dante y el mural Inauguración. También colaboró con Guillermo Roux en obras realizadas a cuatro manos y recibió del Fondo Nacional de las Artes un reconocimiento por su trayectoria
Un legado que permanece
En 2018 presentó Vida de pintor en la Colección Fortabat, una exposición concebida como homenaje a sus maestros, sus amigos y al oficio que sostuvo durante toda su vida
En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran retrospectiva, la primera revisión completa de su producción en casi treinta años. En Mendoza, la Mansión Stoppel fue restaurada para convertirse en el Museo Carlos Alonso
Con una obra atravesada por la memoria, la libertad y la crítica social, Alonso dejó una de las trayectorias más influyentes del arte argentino contemporáneo