La detección de Platynosomum illiciens en gatos ferales de Puntarenas encendió alertas sobre un parásito que podría estar circulando sin ser identificado con frecuencia en Costa Rica

Un estudio de científicos costarricenses confirmó seis casos en El Roble y, según uno de sus autores, ya se han encontrado felinos infectados en San Carlos, Limón, Puntarenas y Guanacaste. Aun así, la distribución total del parásito en el país sigue sin definirse

Un hallazgo que puede pasar inadvertido

El análisis genético mostró que las secuencias encontradas en Costa Rica son idénticas a una registrada en Brasil, lo que sugiere que ambos países comparten al menos un haplotipo

Los investigadores advierten que el parásito podría estar subdiagnosticado porque no siempre se incluye entre las primeras sospechas veterinarias cuando aparece una enfermedad hepatobiliar en gatos

El equipo trabajó con seis gatos adultos ferales atendidos en El Roble. Todos tenían mal estado nutricional y mucosas pálidas; cuatro dieron positivo a virus de leucemia felina y cinco presentaron un deterioro grave que llevó a practicarles la eutanasia

En las necropsias se hallaron parásitos en los conductos biliares, además de congestión del hígado y dilatación de esas vías. Los estudios microscópicos también detectaron fibrosis e hiperplasia biliar

La confirmación combinó observación directa con pruebas clínicas, coproparasitológicas, morfológicas, histopatológicas y moleculares, incluyendo PCR, secuenciación de ADN y análisis filogenético

Una infección que no siempre da señales

El médico veterinario Josué Campos-Camacho, coautor del trabajo, indicó que la infección puede pasar desapercibida. Un gato puede parecer sano y aun así portar el parásito

Los signos, cuando aparecen, suelen ser inespecíficos. Pueden incluir vómitos, diarrea, pérdida de apetito, dolor abdominal, acumulación de líquido en el abdomen e ictericia

El daño se concentra en el sistema hepatobiliar porque los parásitos se alojan en los conductos biliares

Sin riesgo para personas, pero con vigilancia necesaria

Campos-Camacho explicó que el ciclo del parásito puede involucrar un caracol, una cochinilla de tierra y luego un geco o lagartija, que el gato puede cazar e ingerir

Eso significa que incluso un gato doméstico podría infectarse sin salir de casa, si un geco entra a la vivienda y participa en la cadena de transmisión

El especialista señaló además que no hay evidencia de que P. illiciens represente una amenaza para las personas. No se considera una enfermedad zoonótica y no existen reportes de infección humana

La atención, por ahora, está puesta en los gatos y en la necesidad de que los veterinarios lo tengan presente como posible causa de enfermedad hepatobiliar

Diagnóstico, tratamiento y próximas preguntas

El estudio también menciona una posible relación entre esta infección y el colangiocarcinoma, un cáncer de las vías biliares. Sin embargo, en los seis casos costarricenses no se observaron cambios neoplásicos, así que no es posible sacar conclusiones definitivas

Los autores recomiendan incluir a P. illiciens en los diagnósticos diferenciales, sobre todo en gatos con hábitos de caza

También señalaron que la sedimentación fecal detectó más huevos que otras técnicas, por lo que podría ser útil en pruebas rutinarias. Como apoyo, sugerieron ultrasonido, revisión de los conductos biliares y pruebas sanguíneas cuando corresponda

Además, afirmaron que existe tratamiento disponible y que debe ser manejado por profesionales veterinarios

El siguiente paso será definir en qué regiones del país está presente el parásito y luego estudiar en laboratorio su ciclo vital para identificar qué organismos participan en su transmisión local

Entre las dudas abiertas está si el caracol Subulina octona, descrito en otros países como hospedador intermediario, cumple ese mismo papel en Costa Rica o si intervienen otras especies

Mientras avanzan esas investigaciones, el hallazgo refuerza la necesidad de mejorar la vigilancia veterinaria y la formación profesional para detectar y tratar a tiempo la platinosomosis felina