En medio de las rutinas aceleradas, elegir qué comprar, cocinar y comer suele quedar en segundo plano. Pero cuando esas decisiones repetidas se transforman en hábitos, pueden influir de manera directa en la salud a futuro. Esa es una de las ideas que impulsa Tomás Gill, ingeniero en alimentos y creador de Curiosidad Alimentaria, un proyecto de divulgación centrado en ciencia, comida y comunicación

Gill advierte que muchas enfermedades crónicas no transmisibles se relacionan con la alimentación y con otros factores del estilo de vida, como la actividad física, el tabaquismo, el consumo de alcohol, el descanso y el estrés. Entre los ejemplos que mencionó aparecen la diabetes, la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares

La sal, un hábito que puede escalar

Para explicar cómo una costumbre cotidiana puede tener consecuencias con el tiempo, el especialista tomó como ejemplo el consumo de sal. Según señaló, cuando una persona se acostumbra a salar en exceso los alimentos, su umbral de percepción del gusto salado aumenta y necesita cada vez más cantidad para notar ese sabor

Ese patrón, sumado a la ingesta de otros productos ricos en sodio, como snacks, puede favorecer el aumento de la presión arterial y abrir la puerta a complicaciones posteriores

Gill remarcó que los hábitos pueden modificarse y que hacerlo de manera gradual es una estrategia útil. Reducir poco a poco la sal agregada, incorporar especias y sostener esos cambios en el tiempo puede ayudar a construir una alimentación más saludable sin grandes sobresaltos

Qué son los nutrientes críticos

Otro eje central es el etiquetado frontal de los alimentos. Esta herramienta busca advertir cuando ciertos componentes aparecen en exceso. En el caso de Argentina, los nutrientes críticos señalados son azúcares, grasas totales, grasas saturadas, sodio y calorías

El consumo excesivo y sostenido de estos nutrientes, especialmente cuando se combina con una dieta alta en calorías y baja en fibras, contribuye al desarrollo de enfermedades crónicas no transmisibles

Educar para elegir mejor

Para Gill, la educación alimentaria debería empezar temprano, idealmente en la escuela. Entender qué nutrientes existen, para qué los usa el organismo y cómo interpretar los rótulos permite tomar decisiones con más autonomía

También subrayó la importancia de conocer lo que se va a consumir. Leer etiquetas, revisar ingredientes y analizar la tabla nutricional ayuda a distinguir mejor entre los productos y a elegir con más criterio

Claves para comprar mejor

El especialista resumió cinco puntos útiles para orientar las compras cotidianas

Elegir alimentos ricos en fibra

Priorizar variedad de frutas y vegetales de distintos colores

Mirar la etiqueta más allá de las calorías

Leer la lista de ingredientes y la tabla nutricional completa

Diferenciar entre alimentos de consumo habitual y otros que conviene reservar para ocasiones puntuales

Gill remarcó que no se trata de prohibir ni demonizar productos, sino de hacer que la mayor parte de las elecciones alimentarias contribuyan a una dieta variada y adecuada. También señaló que no siempre comprar alimentos saludables garantiza su consumo: si un producto no gusta o no se va a comer, termina perdiendo sentido y puede incluso favorecer el desperdicio