La tromboembolia pulmonar es la tercera causa de muerte vascular, después del infarto y el accidente cerebrovascular. También representa una de las principales causas prevenibles de muerte durante una internación

La enfermedad forma parte de la tromboembolia venosa, que incluye la trombosis venosa profunda y la obstrucción de las arterias pulmonares. Aunque suele asociarse con personas mayores o con enfermedades previas, también puede presentarse en jóvenes, deportistas y personas aparentemente sanas

Un coágulo que puede desplazarse hacia los pulmones

En la mayoría de los casos, el proceso comienza en las venas profundas de las piernas. El coágulo puede permanecer allí o trasladarse por el torrente sanguíneo hasta los pulmones. Cuando bloquea la circulación pulmonar, se produce la embolia

La inmovilidad prolongada es uno de los factores de riesgo más relevantes. Puede ocurrir durante un vuelo, un viaje en automóvil o colectivo, una jornada laboral extensa o períodos prolongados de reposo en el hogar

La hospitalización y las intervenciones quirúrgicas también elevan el riesgo. Entre las especialidades con mayor asociación aparecen la cirugía traumatológica, general, oncológica, ginecológica y la neurocirugía

Hasta el 60% de los casos de tromboembolia venosa pueden producirse durante una internación o dentro de los 90 días posteriores al alta. Por eso, entre las medidas preventivas se consideran los anticoagulantes, las botas de compresión neumática y la movilización precoz, siempre de acuerdo con la evaluación médica

Síntomas que pueden aparecer de forma repentina

Cuando el coágulo permanece en las piernas, los signos más habituales son inflamación, dolor y un aumento visible del diámetro de la extremidad

Si llega a los pulmones, puede provocar falta de aire repentina, taquicardia y dolor en el pecho o en la espalda. La aparición brusca de disnea es uno de los síntomas que más debería hacer sospechar una embolia pulmonar

La enfermedad no respeta edad, condición física, origen étnico ni situación social. Se han registrado casos en jóvenes después de intervenciones consideradas menores, como cirugías por lesiones en el tobillo o el tendón de Aquiles

Cuando la enfermedad se vuelve crónica

Entre el 1% y el 4% de las embolias pulmonares agudas pueden evolucionar hacia una forma crónica. En esos casos, los coágulos se transforman en tejido cicatricial que obstruye las arterias pulmonares y dificulta la oxigenación

La consecuencia puede ser una falta de aire progresiva, limitaciones importantes para las actividades cotidianas e hipertensión pulmonar. El corazón, en especial el ventrículo derecho, puede aumentar su tamaño y modificar su funcionamiento

El diagnóstico suele demorarse porque los síntomas pueden confundirse con otras enfermedades respiratorias. En personas menores de 40 años, la falta de aire puede atribuirse erróneamente al asma; en pacientes de mayor edad, a la enfermedad pulmonar obstructiva crónica

Equipos especializados para acelerar las decisiones

La atención de la tromboembolia pulmonar requiere la intervención de distintas especialidades. Por ese motivo, se impulsan equipos de respuesta rápida conocidos como PERT, sigla en inglés de equipos de respuesta ante la embolia pulmonar

En la Argentina funcionan alrededor de 15 equipos en instituciones públicas y privadas. Están integrados por profesionales de hematología, neumonología, cardiología, clínica médica, terapia intensiva, traumatología y distintas áreas quirúrgicas

El objetivo es que las consultas por casos sospechosos se evalúen de manera conjunta y rápida. Un seguimiento adecuado de quienes sufrieron una embolia aguda permitiría detectar hasta diez casos de la forma crónica por millón de habitantes cada año. Esa proporción equivaldría a unos 500 nuevos pacientes anuales en el país con hipertensión pulmonar tromboembólica crónica