Luz Long acababa de perder el oro, pero no se fue mirando el marcador ni la distancia que lo separaba de Jesse Owens. Se acercó, lo abrazó delante del estadio lleno y lo acompañó en una vuelta por la pista. Aquel gesto, ocurrido el 4 de agosto de 1936, quedó como una imagen opuesta al clima que dominaba esos Juegos: el intento del nazismo de exhibir al mundo la supuesta superioridad aria

Long era, para el régimen alemán, el modelo ideal: joven, rubio, de ojos azules, campeón nacional y dueño del récord europeo. Owens llegaba desde Estados Unidos, un país atravesado por la segregación racial. Sus triunfos en Berlín iban a poner en evidencia, una y otra vez, la fragilidad de ese discurso racista

Berlín como vidriera del régimen

Los Juegos Olímpicos de 1936 no fueron solo una competencia deportiva. Adolf Hitler los convirtió en una gran puesta en escena para mostrar una Alemania ordenada, moderna y poderosa. El Estadio Olímpico, las ceremonias, la arquitectura monumental y la cobertura internacional formaron parte de esa estrategia de imagen

También hubo un trabajo propagandístico más directo: presentar cada victoria alemana como una prueba de la supuesta superioridad de la raza aria. Pero la realidad de las pruebas empezó a incomodar ese relato. Atletas de distintos países, en especial varios deportistas afroamericanos, comenzaron a ganar medallas y a alterar el mensaje que el régimen quería imponer

Dos trayectorias que se cruzaron en la pista

Jesse Owens y Luz Long nacieron en 1913, aunque crecieron en contextos muy distintos. Owens nació en Oakville, Alabama, en una familia numerosa y con dificultades económicas. De niño se trasladó con los suyos a Cleveland, Ohio, dentro de la Gran Migración Negra, y allí empezó a desarrollar su talento en la escuela secundaria Fairmont, guiado por el entrenador Charles Riley

Más tarde, en la Universidad Estatal de Ohio, se convirtió en una figura central del atletismo estadounidense. Sin embargo, la discriminación seguía marcando su vida cotidiana: no podía alojarse junto a sus compañeros blancos ni usar los mismos hoteles, restaurantes o transportes durante los viajes

Su gran salto de 1935, en Ann Arbor, lo volvió una referencia mundial. En apenas 45 minutos igualó un récord del mundo y batió otros tres, incluido el salto en largo de 8,13 metros, que se mantuvo vigente durante 25 años

Long, en cambio, había nacido en Leipzig, Alemania, en una familia acomodada. Desde joven mostró condiciones para el deporte, llegó a construir una pequeña pista de salto en su casa, ganó el campeonato nacional y obtuvo el récord europeo. Además, estudió Derecho. Para la propaganda nazi era una figura ideal, aunque en privado no compartía esas ideas

El consejo que cambió la historia

En la clasificación del salto en largo, Long marcó el camino con un registro de 7,84 metros, que casi le aseguró su lugar en la final. Owens, favorito después de ganar los 100 metros llanos, falló en sus dos primeros intentos y quedó contra las cuerdas: tenía un salto más para evitar la eliminación

Entonces Long hizo algo inesperado. Se acercó a su rival y le sugirió iniciar la carrera unos centímetros antes de la tabla de batida. Owens siguió el consejo y logró 7,64 metros, suficiente para clasificarse

Al día siguiente, los dos volvieron a encontrarse en la lucha por las medallas. Long saltó 7,87 metros y se quedó con la plata. Owens respondió con 8,06 metros, nuevo récord olímpico, y ganó el oro

Cuando terminó la prueba, Long fue el primero en felicitarlo. Se abrazaron y caminaron juntos alrededor de la pista. En un escenario pensado para exaltar la división, esa escena mostró lo contrario: respeto, reconocimiento y amistad

La amistad que sobrevivió a la guerra

Después de Berlín, los dos mantuvieron el contacto por carta. Owens volvió a Estados Unidos y comprobó que sus cuatro oros olímpicos no habían cambiado la realidad de la segregación. No fue recibido por Franklin D. Roosevelt en la Casa Blanca y siguió enfrentando discriminación en su país

Long continuó compitiendo y obtuvo el bronce en el Campeonato Europeo de Atletismo de 1938. Más tarde dejó el deporte y trabajó como abogado, pero la Segunda Guerra Mundial marcó su destino: fue enviado al frente durante la invasión aliada de Sicilia en 1943

Antes de partir, le escribió a Owens para pedirle que, si algo le ocurría, visitara a su familia y le contara a su hijo Kai quién había sido su padre. Long murió en julio de 1943, a los 30 años, tras resultar herido en combate

Después de la guerra, Owens cumplió esa promesa. Conoció a la familia de Long en Alemania, mantuvo el vínculo con su hijo y años después incluso fue padrino de boda de Kai. En su autobiografía, resumió así aquel vínculo: dijo que todas sus medallas y copas no valían nada frente a la amistad que había nacido con Luz Long en Berlín