Una canción puede cambiar de sentido cuando cambia la voz que la canta. Eso ocurrió con Eres Mentiroso, tema de Los Mirlos que en Colombia ganó popularidad en la versión de Pastor López y que, en una colaboración reciente, fue reinterpretado por Li Saumet bajo el título Eres Mentiroso con un giro total: la letra dejó de describir a una mujer manipuladora para convertirla en una respuesta frontal a quien acusa
“Me vienes a decir que yo soy una mentirosa. Es que se ve mal ser una mujer poderosa
¿Quieres que te diga cómo son las cosas? Yo no soy una princesa, llévate tu carroza”, canta la artista
De musa a autora
Ese gesto resume una transformación más amplia en la música latinoamericana. Durante décadas, muchas letras reproducieron miradas machistas; después, las mujeres empezaron a ocupar otro lugar: primero como intérpretes con peso propio y luego como creadoras de discursos más personales, críticos y complejos
En la primera mitad del siglo XX, el paso fue de ser inspiraciones ajenas a demostrar autoridad vocal y compositiva. Ahí aparecen nombres como Chavela Vargas, Matilde Díaz, Violeta Parra, Mercedes Sosa y Totó La Momposina. Más tarde, en la segunda mitad del siglo, el pop y la balada abrieron espacio para relatos femeninos sobre el amor, el deseo y la vida íntima
En los años 80, Amanda Miguel, Ana Gabriel, Rocío Dúrcal y Daniela Romo ayudaron a consolidar esa presencia. Y en los 90, con figuras como Gloria Trevi, Alejandra Guzmán, Paulina Rubio, Shakira, Julieta Venegas, Andrea Echeverri y Ely Guerra, la conversación se volvió más directa: maternidad, sexualidad, aborto, autonomía y rechazo a los mandatos sociales entraron con más fuerza en las canciones
El cuerpo y el deseo como discurso
Con el avance del nuevo milenio, el reguetón abrió otra disputa. Frente a un género acusado de reforzar mensajes machistas y sexualizados, varias artistas lo tomaron como plataforma para plantear una sexualidad activa, libre y desafiante
Ivy Queen marcó un camino que luego siguieron nombres como Karol G, Young Miko, Natti Natasha, Tokischa y Nesi, además de propuestas que expanden la idea misma de feminidad, como Villano Antillano y Arca
Nesi participó en Yo Perreo Sola, una de las canciones más populares de Bad Bunny en 2020. Antes del estribillo, la intérprete dejó clara la intención del tema: afirmar la autodeterminación femenina. “Ante’ tú me pichaba’, ahora yo picheo. Antes tú no quería’, ahora yo no quiero”, dice la letra
Pero ese cambio también despierta tensiones dentro del propio feminismo. Andrea Echeverri ha planteado reparos frente a ciertas derivas del discurso contemporáneo, aunque sin negar su potencia emancipadora. Para ella, muchas jóvenes encuentran en esas canciones una invitación a quererse y a dejar de perseguir modelos impuestos
Betzabeth, artista colombiana radicada en Miami, propone una lectura intermedia. Reconoce que hoy las mujeres tienen más libertad para contar sus historias, pero advierte que también están más expuestas al juicio sobre su cuerpo, su imagen y sus decisiones. La clave, dice, está en no perder la esencia
La escritura más frontal
En paralelo al universo urbano, otra generación de cantautoras empujó una narrativa más directa y menos evasiva. Ana Tijoux, Mon Laferte, Vivir Quintana, Lido Pimienta, Natalia Lafourcade, Silvana Estrada, Javiera Mena y Francisca Valenzuela han llevado a primer plano temas que antes parecían marginales dentro del repertorio femenino
Renata Rincón, comunicadora y gestora cultural, observa que hoy hay más libertad para hablar desde el cuerpo, la experiencia y el conflicto. Ya no se trata solo de celebrar la vida o la maternidad, sino de hacerlo también desde la disputa, el dolor o la incomodidad
Ysa C coincide con esa lectura. La cantante colombiana, que combina reguetón, afrobeats y sonidos del Pacífico, señala que ahora existe un espacio más amplio para poner límites, nombrar el deseo propio y definir la identidad sin la presión de encajar
Maternidad, duelo y nuevas preguntas
Uno de los temas que más se ha expandido es la maternidad. Rincón destaca que cada vez aparecen más canciones y discos que la abordan sin idealización. Un caso visible es Acróstico, de Shakira, donde la artista se concentra en el vínculo con sus hijos desde la protección y el afecto, lejos de la lógica de la confrontación que dominó parte de su etapa anterior
Francisca Valenzuela también llevó ese terreno a otra zona con MALDITA, un álbum atravesado por la depresión posparto. Allí, la experiencia maternal aparece sin ornamentos, con una carga emocional cruda y personal. La cantante, además, ha construido una obra sólida en torno al despecho, como se escucha en Rompecorazones
Para Rincón, lo decisivo es que cada artista puede hoy responder preguntas distintas desde su propia etapa vital, con más libertad y menos rigidez que antes. Manuela Ocampo comparte esa idea, aunque insiste en que todavía falta comprender mejor la diversidad de voces y lo que realmente quieren decir
Lo que viene para la industria
Las voces consultadas coinciden en que el próximo paso no depende solo de las letras, sino también del lugar que ocupan las mujeres dentro del negocio musical. Un informe de la Iniciativa de Inclusión Annenberg de la Universidad del Sur de California, publicado en 2025, señaló que las mujeres ocupan el 39,4% de los puestos ejecutivos generales en los grandes sellos discográficos, pero menos del 20% de los cargos de liderazgo, y que rara vez integran los equipos sénior
Desde esa perspectiva, Nesi imagina un futuro en el que más mujeres firmen y desarrollen a otras artistas, tal como ocurre hoy con varios nombres masculinos. Manuela Ocampo, en cambio, pone el foco en los tiempos de creación y en la necesidad de frenar la lógica acelerada de la industria. Betzabeth subraya otro punto: la salud mental debe entrar con más fuerza en la conversación
La discusión, en el fondo, ya no se limita a si las mujeres pueden cantar, componer o liderar. La pregunta hoy es cómo transformar la industria para que esas voces no solo existan, sino que puedan desarrollarse con autonomía, autenticidad y tiempo propio