Con los años, Daniel Tangona comprendió que la felicidad no depende de alcanzar una vida perfecta ni de acumular logros. Para el personal trainer, se trata más bien de aprender a sentirse bien con uno mismo y valorar el presente

Después de cinco décadas dedicadas al entrenamiento, la escritura y la enseñanza, también llegó a la conclusión de que no existe una receta válida para todos. Sin embargo, hay elecciones que pueden ayudar a acercarse al bienestar

Un propósito para cada etapa

Tener objetivos claros es una de esas decisiones. La edad no elimina la necesidad de contar con algo que motive y dé razones para comenzar cada día

Tangona mantiene esa búsqueda a través de la lectura, el estudio, la escritura y el entrenamiento. Según su mirada, mientras exista un motivo para levantarse, todavía hay futuro por construir

Entrenar para conservar autonomía

El cuidado físico, sostiene, no debería reducirse a la estética, los músculos o el peso. También está relacionado con la autonomía, la dignidad y la posibilidad de continuar realizando las actividades que cada persona disfruta

Desde esa perspectiva, envejecer no consiste únicamente en sumar años, sino en conservar capacidades y encontrar nuevas maneras de vivir cada etapa

Menos comparación, más equilibrio

El paso del tiempo también le enseñó a reducir la necesidad de obtener aprobación externa. La comparación puede desgastar y la búsqueda constante de reconocimiento no garantiza bienestar

En cambio, aprender a estar con uno mismo permite escuchar el silencio, distinguir lo necesario y encontrar calma sin perseguir aquello que no aporta

Para Tangona, la felicidad apareció cuando dejó de esperar que algo externo resolviera su vida. Hoy la vincula con tener un propósito, seguir aprendiendo, entrenar, escribir, enseñar y compartir lo aprendido

Su conclusión es que una vida con sentido no elimina los días difíciles, pero les da un lugar. En vez de perseguir la felicidad como una meta distante, propone vivir de una manera que permita reconocerla en el presente