Sabina Alcarraz resume el amor propio como un camino exigente, pero posible. Psicóloga, conferencista y escritora uruguaya, sostiene que no se trata de una revelación repentina, sino de una práctica diaria hecha de pausas, observación personal y cambios concretos en la manera de vincularse con uno mismo

Una práctica que nace del autoconocimiento

En su mirada, quererse empieza por conocerse. No puede haber una relación sana con uno mismo si primero no hay una comprensión honesta de lo que se siente, de lo que se necesita y de lo que duele. Por eso propone reservar tiempo para la introspección y revisar gustos, incomodidades, deseos y hábitos

Alcarraz recomienda dedicar unos minutos al día a estar a solas, observarse y registrar aquello que surge. Puede ser a través de la escritura a mano, que considera una herramienta útil para ordenar emociones y pensamientos con mayor atención

Amor propio no es narcisismo

La especialista marca una diferencia tajante entre ambas ideas. Asegura que amarse no tiene nada que ver con creerse superior ni con buscar bajar a otros para sentirse valioso. El amor propio, explica, se apoya en el respeto, el cuidado personal y la capacidad de poner límites

También cuestiona la dependencia de la validación externa. Reconocer elogios o gestos afectuosos puede ser agradable, pero no debería definir la identidad de una persona. Para ella, el valor personal tiene que nacer desde adentro

La voz interna también educa

Otro eje central es el diálogo interior. Alcarraz advierte que repetir mensajes duros sobre uno mismo termina moldeando la conducta y la percepción personal. Por eso propone empezar por detectar esa voz crítica y reemplazarla, de a poco, por afirmaciones más amables y realistas

No plantea negar las dificultades ni forzar un optimismo artificial. El objetivo, dice, es que esa voz deje de ser un enemigo y pase a funcionar como un apoyo cotidiano

Rupturas, vínculos y reconstrucción

La psicóloga también vincula el amor propio con la manera de atravesar una ruptura. Sostiene que, después del duelo, el tiempo y la energía que antes iban a una relación pueden redirigirse hacia el propio bienestar. Estar solo un tiempo, afirma, puede ser una oportunidad para sanar, revisar heridas y redefinir desde dónde volver a vincularse

En pareja, el criterio es claro: una relación saludable acompaña, escucha y fortalece; una dañina genera inseguridad, desvaloriza y hace dudar de las propias capacidades

Pequeños actos, grandes efectos

Para Alcarraz, el amor propio no se juega en gestos extraordinarios. Muchas veces aparece en cosas simples: tomar un café en calma, meditar un rato, regalarse un momento sin urgencias o sostener rutinas que alimenten el bienestar

También reconoce que no todos los días son iguales. Hay jornadas de frustración, cansancio o desilusión, y eso forma parte de la experiencia humana. Lo importante, dice, es aceptar esas emociones, entender qué revelan y seguir adelante sin quedarse atrapado en ellas

Lo que deja la infancia y lo que se aprende después

Al hablar del origen de esta capacidad, señala a la familia como base inicial. A partir de allí, cada experiencia personal, académica, afectiva y profesional suma aprendizajes. En esa acumulación, sostiene, se va entrenando la relación con uno mismo