Uno de cada tres argentinos tendrá algún problema de salud mental en el transcurso de su vida, según afirmó el médico cardiólogo Jorge Tartaglione. La advertencia abrió una reflexión sobre la ansiedad, la depresión y las dificultades que aún existen para hablar del malestar y buscar atención profesional
El especialista señaló que el estigma asociado a los padecimientos mentales puede profundizar el sufrimiento. La vergüenza de admitir una consulta psiquiátrica, las etiquetas y los comentarios que minimizan la angustia dificultan tanto el pedido de ayuda como el acompañamiento de familiares y amigos
El estigma todavía condiciona la búsqueda de ayuda
Para explicar cómo opera el prejuicio, Tartaglione planteó una escena cotidiana: una persona podría saludar con naturalidad a su cardiólogo en un restaurante, pero evitar a un psiquiatra conocido por temor a que otros descubran que realiza un tratamiento
Según el médico, esa diferencia muestra que algunas consultas todavía se cuentan con mayor facilidad que otras. Por eso, sostuvo que la atención de la salud mental debe recibir la misma consideración que cualquier otra especialidad
También cuestionó el uso de expresiones como “loco” o de términos vinculados con la psiquiatría como burlas, ya que reducen a las personas a una etiqueta y refuerzan los prejuicios. El Día Mundial de la Salud Mental se conmemora el 10 de octubre
Ansiedad, depresión y soledad en distintos grupos
Al describir el panorama, Tartaglione destacó la frecuencia de la ansiedad y la depresión, con una presencia particularmente marcada entre las mujeres y las personas de menores recursos
También expresó preocupación por el malestar de los adultos mayores, al que relacionó con la soledad y la falta de acompañamiento. En ese sentido, llamó a prestar atención a sus necesidades emocionales y a la posibilidad de que se sientan escuchados, además de cuidar su salud física
La preocupación también alcanza a los chicos. La presión por aprender, las agendas cargadas de actividades y el miedo o la vergüenza de contar lo que les sucede pueden afectar su bienestar. “Están hiperconectados, pero están solos”, resumió al referirse a una de las paradojas de la vida digital
Qué cambios conviene observar
Entre las señales que pueden motivar una consulta mencionó dormir mal, tener dificultades para concentrarse, sentirse irritable, alejarse de los amigos y perder el interés por actividades habituales. También describió una sensación de angustia como una “pelota en la boca del estómago”
Estas manifestaciones no constituyen por sí mismas un diagnóstico. Son indicios a los que conviene prestar atención y que pueden ser motivo de conversación con personas cercanas o de una consulta profesional
Si el malestar se mantiene durante más de dos semanas, recomendó buscar orientación y no dejar que la situación se prolongue sin atención. Reconocer lo que ocurre y pedir ayuda son pasos importantes para acceder a un tratamiento, ya sea mediante terapia o una consulta psiquiátrica cuando sea necesario
Acompañar desde la escucha
El acompañamiento, explicó Tartaglione, comienza por escuchar sin etiquetar ni culpar. Presentar a alguien únicamente a partir de su padecimiento o utilizar términos psiquiátricos como una burla puede lastimarlo y hacer más difícil que hable sobre lo que siente
También cuestionó la “palmoterapia”: responder a la angustia con una palmada o con frases como “quedate tranquilo”, “andá al cine” o “salí a caminar”. Esas respuestas pueden minimizar el sufrimiento y no reemplazan la atención que la persona necesita
Ante una situación de malestar, la propuesta es escuchar, evitar los juicios y facilitar el acceso a ayuda profesional