La expectativa de vida atraviesa una transformación: el objetivo no debería limitarse a sumar años, sino a llegar a ellos con la mayor autonomía física y cognitiva posible. Desde esta perspectiva, Estol sostiene que los jóvenes y los adultos menores de 50 años deberían incorporar una actitud preventiva

El neurólogo considera posible alcanzar los 90 o incluso los 100 años en buenas condiciones, siempre que el cuidado de la salud comience con suficiente anticipación y se mantenga de manera constante

La ansiedad como señal de consulta

El control del estrés ocupa un lugar central en esta estrategia. Cuando la ansiedad no disminuye mediante cambios de hábitos, la recomendación es consultar a un profesional. También se plantea que la medicación indicada por especialistas no debería generar temor

La década perdida

Según la observación planteada por el especialista en su práctica, dos tercios de las personas atraviesan sus últimos diez años de vida con un estado de salud malo o muy malo. Esa etapa es definida como una “década perdida” y representa la distancia entre vivir más y vivir mejor

La propuesta busca reducir esa brecha mediante una rutina sostenida, sin recurrir a soluciones mágicas. Los siete pilares mencionados son controlar el estrés, conservar los vínculos sociales, dormir correctamente, no fumar, moderar el consumo de alcohol, mantener una nutrición saludable y hacer ejercicio

Actividad, propósito y una nueva idea de vejez

Además de los hábitos cotidianos, el especialista destaca la importancia de tener un propósito y sostener una mirada optimista. Para él, estos factores no son frases hechas, sino componentes relevantes del bienestar

También cuestiona la asociación entre jubilación, pasividad y pérdida de capacidades. En su enfoque, la edad cronológica no debería definir las actividades ni las expectativas de una persona. Mantenerse activo y con proyectos forma parte de una longevidad plena

Esta mirada propone revisar el concepto tradicional de vejez: cumplir años no tendría que equivaler necesariamente a deterioro, inactividad o falta de proyectos, sino a una etapa cuyo estado dependerá en parte de las decisiones sostenidas desde edades más tempranas