Estoy asustado. Me pasa algo que no esperaba: por primera vez, el Presidente también transmite miedo. Después de años de exhibirse como un personaje que viajaba, gritaba, insultaba y se vendía como una figura invencible, ahora se muestra obligado a multiplicarse en medios y actos como si intentara revertir una alarma que ya no puede ocultar
Una agenda que revela nervios
En apenas nueve días acumuló ocho apariciones públicas: una columna firmada el lunes 27 de julio, cadena nacional el jueves 30, entrevista televisiva el viernes 31, nuevas entrevistas el domingo 2 de agosto, otra columna el lunes 3 y hasta una charla en streaming el martes 4. La sobreexposición no parece una señal de fortaleza, sino de urgencia
Las encuestas mandan
El cambio de clima interno tiene una explicación central: los números. Los relevamientos sobre el humor social inquietan al entorno más cercano al poder, en especial a Santiago Caputo. Cuando esas mediciones llegaron al despacho presidencial, el mensaje fue claro: la situación obliga a revisar el libreto. Lo que antes se descalificaba como operación, ahora se procesa como dato político
De ese modo cambió el tono dentro del Gobierno. Donde antes había desprecio por cualquier estudio de opinión, ahora aparece la idea de que la calle ya no acompaña y que la reelección no se resuelve solo con confrontación. El problema es que el personaje agresivo, que se alimentaba del escándalo y la provocación, perdió eficacia
Inventar otra cosa
Con ese desgaste, el oficialismo necesita otra fórmula. No alcanza con repetir gritos, insultos o datos dudosos. Tampoco parece viable delegar toda la estrategia en los mismos nombres de siempre: unos están sobreexpuestos, otros vienen golpeados y otros directamente no ofrecen una salida nueva. El propio espacio reconoce que hace falta algo distinto, aunque todavía no aparece
En medio de ese vacío, algunas voces aliadas empujan todavía más lejos el límite. Una de las más llamativas fue la de un abogado vinculado al ecosistema libertario, que propuso medidas extremas y violentas contra los habitantes del conurbano bonaerense
El problema, además de lo inaceptable de esas expresiones, es político: buena parte del Gobierno vive allí. La frase no solo expone brutalidad, también revela desconexión
El cierre del cuadro
Mientras el oficialismo busca cómo ordenar su discurso, se acerca la llegada del Papa, prevista para el 8 de noviembre en Ezeiza. En ese contexto, cualquier exceso verbal o fantasía incendiaria resulta todavía más inoportuno. Si el Gobierno quiere salir del apuro, va a necesitar menos espectáculo y más control. Por ahora, no parece fácil