La búsqueda de eficiencia energética, la reducción de la huella de carbono y el uso de recursos renovables están modificando la manera de construir. En ese escenario, la madera y el bambú aparecen como materiales versátiles, capaces de cambiar tanto la estética como el funcionamiento de los edificios
En Argentina, la transición avanza con lentitud. La falta de normativa específica, la escasa inversión y la persistencia de una lógica artesanal dificultan la adopción de sistemas constructivos sustentables. En otros países de la región, como Uruguay y Chile, estas soluciones ya tienen mayor desarrollo
Menos tiempo de obra y desperdicio
La madera puede actuar como sumidero de carbono y generar una huella ambiental menor que el hormigón o el acero. Además, los sistemas industrializados permiten fabricar componentes en talleres y luego ensamblarlos en el lugar de construcción
Este método puede reducir entre un 20% y un 30% los tiempos de obra frente a una construcción tradicional. Como las piezas se cortan digitalmente y se montan con precisión, también disminuyen los errores y los residuos
Los sistemas laminados industriales, por su parte, están diseñados para resistir la humedad, el fuego y el paso del tiempo. Existen edificios de más de diez pisos construidos con madera en Suecia y Noruega, incluso en zonas de climas extremos
Proyectos que amplían los límites del material
El Centro Cultural Sara, en Suecia, reúne torres con estructura de madera y utiliza módulos prefabricados de madera contralaminada, ubicados entre dos núcleos de ascensores
En Bután, el proyecto Mindfulness City, en Gelephu, prevé una superficie de 1000 kilómetros cuadrados con construcciones de madera, piedra y bambú. También contempla superficies permeables para favorecer el drenaje natural
En Bali, el gimnasio de la Escuela Verde fue construido completamente con bambú. Sus arcos altos y su red tensada sostienen un techo ondulado inspirado en la forma de una caja torácica
En Sickla, al sur de Estocolmo, avanza una ciudad de madera de 250.000 metros cuadrados. El proyecto propone edificios hechos principalmente con materiales locales y sistemas de energía propia y compartida
El desafío argentino es convertir estas experiencias en una alternativa regulada y accesible. Para eso, el crecimiento del interés de los desarrolladores deberá acompañarse con normas que permitan incorporar estos sistemas a mayor escala