Sol Wais llegó a la sonoterapia después de más de tres décadas vinculada con el violonchelo. Cuando comenzó a estudiar los cuencos tibetanos, hace veinte años, casi no había docentes que enseñaran a utilizarlos en la Argentina. Por eso completó su formación en el exterior y pasó otra década investigando cómo reacciona el cuerpo ante determinados sonidos antes de ofrecer sesiones
Una formación musical detrás de los cuencos
Wais estudió en el Conservatorio Manuel de Falla, integró orquestas estudiantiles, se formó en dirección orquestal y trabajó con agrupaciones de instituciones educativas. La música clásica fue durante años su principal lenguaje, hasta que decidió integrarla con el universo de los sonidos armónicos
Su propuesta utiliza un conjunto propio de siete cuencos de cuarzo, fabricados especialmente y afinados nota por nota. La elección busca que los instrumentos mantengan una relación musical entre sí, en lugar de producir sonidos aislados
Hace seis años se dedica por completo a la terapia de sonido. Además de las experiencias en vivo, enseña sobre los efectos de estos sonidos en el sistema nervioso y dicta una formación anual para quienes buscan trabajar profesionalmente en esta disciplina
Un recorrido sonoro con instrumentos y silencio
Wais prefiere definir sus encuentros como experiencias, no como clases. La intención es acompañar a un grupo hacia un estado de relajación profunda mediante una secuencia de paisajes sonoros
En sus sesiones utiliza cuencos tibetanos, campanas, percusión e instrumentos que evocan el sonido del mar. El recorrido suele terminar con varios minutos de silencio, destinados a que cada participante registre qué percibe en su cuerpo y en su mente
La artista también trabajó en encuentros de hasta 300 personas y participó en actividades junto con distintas figuras vinculadas con el bienestar. Para ella, el sonido funciona además como una forma de reunir a personas que luego continúan en contacto
Una propuesta pensada para un espacio multitudinario
El domingo 25 de octubre, Wais presentará una experiencia de sonoterapia en el Bienestar Fest, en el Hipódromo de Palermo. La propuesta incluirá músicos, posiblemente una flauta traversa, y alumnos que circularán entre el público con instrumentos similares a los del escenario
La disposición buscará que el sonido no llegue únicamente desde un punto frontal, sino también desde los laterales y desde lugares cercanos a quienes estén recostados en el piso. La sesión tendrá una duración aproximada de media hora
Según la lectura de Wais, este tipo de actividad funciona mejor después de una instancia de movimiento físico: primero el cuerpo se activa y luego puede comenzar una etapa de descenso y descanso
Al finalizar sus sesiones, suele pedirles a los participantes que observen cómo está su mente, cómo sienten el cuerpo y si notan algún cambio. Ese ejercicio de registro, sostiene, forma parte central de la experiencia