Aristóteles, filósofo griego que vivió entre 384 y 322 a.C., presentó en su Ética a Nicómaco el concepto de eudaimonía, traducido habitualmente como felicidad o vida plena
Según su planteo, la felicidad constituye el objetivo último de la existencia humana y se alcanza mediante la práctica de la virtud y la moralidad. Las virtudes son rasgos de carácter y formas de actuar que se incorporan a través de la práctica y la imitación de ejemplos morales
Con el tiempo, esas conductas pueden convertirse en hábitos. Aristóteles advertía, sin embargo, que cada virtud se encuentra entre dos extremos: un exceso y una deficiencia
Ocho cualidades vinculadas con el bienestar
Coraje frente al miedo
El coraje consiste en actuar pese al miedo, en lugar de ceder ante él. Investigaciones sobre temperamento, fortalezas del carácter y resiliencia sugieren que afrontar las adversidades con coraje puede favorecer la resiliencia y contribuir a una mayor felicidad
Grandeza de alma y sentido
Aristóteles describía a la persona de gran alma como alguien indiferente ante la buena y la mala fortuna. En lugar de concentrarse en lo transitorio, se orienta hacia los aspectos más profundos y significativos de la vida
La investigación sobre adolescentes encontró que la búsqueda de significado se relaciona con una mayor felicidad que la búsqueda exclusiva del placer
Gentileza y control del temperamento
Esta virtud reúne la bondad y la capacidad de regular la ira. Su opuesto, la agresión, puede reducir el bienestar al dificultar el manejo de las emociones
En un estudio experimental, quienes imaginaron acciones violentas contra una persona que despreciaban tendieron a rumiar sobre esa fantasía y mostraron un menor bienestar que quienes conservaron una actitud gentil
Templanza para regular los impulsos
La templanza es el autocontrol frente a los deseos y los impulsos. Una investigación realizada con estudiantes universitarios observó que, al aumentar el control durante el día, el efecto positivo disminuía al principio. Después, un mayor autocontrol se asoció con una reducción de los sentimientos negativos y con niveles más altos de felicidad
Magnificencia orientada al propósito
Para Aristóteles, la magnificencia es la capacidad de pensar cómo llevar adelante un proyecto personal de la manera más noble, sin reducir la decisión a su costo o a la posibilidad de obtenerlo más barato
Perdón y consideración por los demás
El perdón implica sensibilidad ante los sentimientos ajenos y tolerancia frente a las faltas de otras personas. La mayoría de las investigaciones sobre esta práctica indica que puede contribuir a reducir síntomas de depresión y ansiedad cuando se dejan de lado las injurias
Modestia ante lo vergonzoso
Aristóteles definía la modestia como abstenerse de un comportamiento vergonzoso, aunque resulte tentador, tanto en público como en privado
También señalaba que solo puede considerarse una virtud cuando la persona reconoce que aquello de lo que se abstiene es vicioso. Desde esta perspectiva, actuar de acuerdo con convicciones morales puede fortalecer la alegría y el sentido de propósito, mientras que las acciones consideradas inmorales producen el efecto contrario
Veracidad sin arrogancia
El filósofo valoraba la honestidad y desaconsejaba la exageración y la jactancia. Su ideal era una humildad segura: reconocer las propias cualidades y mostrarse ante los demás sin arrogancia ni autodenigración
Un planteo condicionado por su época
La lista fue concebida para hombres griegos de clase alta, con educación sólida y un contexto favorable. Aun así, la filósofa Martha Nussbaum sostiene que Aristóteles aisló, en cada virtud, una esfera de la experiencia humana que aparece, en mayor o menor medida, en cualquier vida