Durante el siglo XIII, Santo Tomás de Aquino dedicó buena parte de su obra a ordenar el conocimiento filosófico y teológico de su época. Influido por Aristóteles y por la doctrina cristiana, escribió la Summa Theologiae, un extenso compendio basado en preguntas y respuestas
La obra aborda temas vinculados con la existencia humana y la naturaleza de Dios. Tomás de Aquino buscó explicar cuestiones complejas con precisión y claridad, sin recurrir a palabras innecesarias ni a razonamientos difíciles de seguir
Dentro de ese trabajo, el teólogo también analizó las llamadas pasiones del alma. Entre ellas incluyó la tristeza, la ira, el amor y el odio, entendidas como experiencias que influyen en la manera en que las personas perciben, desean y reaccionan ante lo que les ocurre
El llanto y el alivio de la tristeza
Para Santo Tomás de Aquino, las lágrimas y los gemidos podían aliviar naturalmente la tristeza. Según su explicación, aquello que se mantiene oculto genera una aflicción mayor porque concentra la atención en el sufrimiento
Al expresar el dolor hacia el exterior, en cambio, la atención se distribuye también sobre lo que ocurre alrededor. De ese modo, el padecimiento interior puede disminuir
Algunos análisis contemporáneos sobre el llanto llegaron a una conclusión similar, aunque con ciertos matices. La mayoría de las personas consultadas manifestó sentir alivio y menos tensión emocional después de llorar. Ese efecto dependía del contexto social y, por lo general, no aparecía de inmediato
El efecto de la compañía ante el dolor
El filósofo también sostuvo que la tristeza puede resultar más llevadera cuando los amigos muestran compasión. Ver que otras personas se preocupan por el sufrimiento propio genera la sensación de que la carga es compartida
Además, la preocupación de los seres queridos puede interpretarse como una muestra de afecto. Para Aquino, esa certeza vuelve más soportable el malestar
La ira y el juicio racional
En sus reflexiones, Tomás de Aquino afirmó que las perturbaciones del cuerpo pueden interferir en el juicio de la razón. Aunque el pensamiento no depende directamente de un órgano corporal, necesita de facultades sensitivas que pueden verse alteradas
Por esa razón, comparó los efectos de la ira con estados como la embriaguez y el sueño. A su entender, la ira es la pasión que obstaculiza de manera más evidente la capacidad de razonar
La relación entre el amor y el odio
Una de sus afirmaciones más conocidas sostiene que todo odio surge de algún amor. Desde esa perspectiva, el odio no puede ser absolutamente más fuerte que el amor, aunque sí puede presentarse como más intenso, persistente o dominante según las circunstancias
Estudios sobre ambas emociones plantean que el amor y el odio pertenecen a dimensiones diferentes: uno se vincula con lo positivo y el otro con lo negativo. Por eso, pueden coexistir y desarrollarse en paralelo
El odio, entonces, no necesariamente reemplaza al amor. Puede superponerse con él, derivarse de una relación previa o convivir con sentimientos afectivos