La distensión abdominal suele aparecer después de comer, incluso tras una comida liviana. Puede avanzar durante el día o presentarse pocos minutos después del primer bocado. A esto se suman gases persistentes y cambios en el ritmo intestinal: diarrea, varios días sin evacuar y nuevos episodios de diarrea
Cuando los síntomas se prolongan durante meses o años y los estudios no identifican una causa clara, algunas personas llegan a la consulta con la sospecha de tener SIBO o IMO
Dos condiciones con síntomas diferentes
El SIBO, sigla en inglés de sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado, aparece cuando bacterias que normalmente se encuentran en el colon se desplazan hacia el intestino delgado y se multiplican allí. La fermentación prematura de los alimentos puede generar gases, inflamación y dificultades para absorber nutrientes
El IMO, o sobrecrecimiento intestinal metanógeno, tiene una diferencia importante: los microorganismos involucrados son arqueas, no bacterias, y producen metano en lugar de hidrógeno
El tipo de gas ayuda a explicar los síntomas predominantes. El hidrógeno suele asociarse con una mayor tendencia a la diarrea, mientras que el metano se relaciona con la constipación
En cuadros persistentes o avanzados también pueden aparecer deficiencias nutricionales, como ferropenia, anemia o déficit de vitaminas liposolubles y vitamina B12
La relación con el intestino irritable
El SIBO y el IMO pueden confundirse con el síndrome de intestino irritable porque comparten manifestaciones como dolor abdominal, distensión y alteraciones en la evacuación
En algunos casos, el diagnóstico inicial de intestino irritable puede no ser correcto y los síntomas mejorar al tratar el sobrecrecimiento. Sin embargo, ambas condiciones también pueden coexistir: un intestino sensible puede favorecer el empeoramiento de las molestias cuando las bacterias se desplazan hacia zonas donde no deberían estar
Quiénes tienen mayor predisposición
Entre las personas con mayor riesgo se encuentran quienes tienen diabetes, toman omeprazol, padecen constipación o hipotiroidismo, atravesaron cirugías abdominales o presentan trastornos de la motilidad intestinal. El estrés también puede influir
El test de aliento y sus limitaciones
La prueba más utilizada es el test de aliento. Durante el estudio, el paciente ingiere una solución de glucosa o lactulosa y se analizan los gases que elimina al respirar
La presencia de hidrógeno en concentraciones iguales o superiores a 20 partes por millón antes de los 90 minutos puede sugerir SIBO. En el caso del metano, un resultado igual o superior a 10 partes por millón orienta hacia un diagnóstico de IMO. Para una evaluación completa es necesario medir ambos gases
El examen es accesible y no invasivo, aunque puede arrojar falsos positivos en alrededor del 30% al 40% de los casos. Por eso, el resultado debe interpretarse junto con la evolución y los síntomas de cada paciente
Tratamiento y prevención de recaídas
El tratamiento puede incluir antibióticos. La rifaximina es una de las opciones utilizadas para el SIBO por su acción local en el intestino y su baja absorción sistémica. En el IMO puede combinarse con neomicina
El abordaje no se limita a la medicación. También puede requerir cambios en la alimentación y atención sobre factores como el estrés o ciertas intolerancias alimentarias
La dieta baja en FODMAP, que reduce carbohidratos fermentables presentes en alimentos como el ajo, la cebolla, el trigo, algunas frutas y los lácteos, puede aliviar los síntomas. No cura el SIBO ni el IMO y, debido a su carácter restrictivo, no se recomienda mantenerla durante períodos prolongados sin supervisión
Las recaídas son frecuentes y, según cada caso, pueden requerir nuevos antibióticos o el uso de procinéticos, prebióticos o probióticos
La sospecha de SIBO o IMO no debe llevar a la automedicación ni a seguir protocolos encontrados en internet. El diagnóstico y el tratamiento deben definirse con un profesional de la salud