La limpieza de las sábanas no depende únicamente de la frecuencia con que se cambian. La temperatura del agua y la forma de lavar la ropa de cama también influyen en su conservación

Con el uso, las telas pueden perder suavidad, presentar manchas amarillentas o adquirir un aspecto percudido. La acumulación de transpiración, restos de productos corporales, detergente y suciedad puede contribuir a ese deterioro

El efecto de la temperatura

Adaptar el lavado al tipo de tejido y al nivel de suciedad permite equilibrar higiene y cuidado del material. La temperatura puede favorecer la eliminación de determinados microorganismos, aunque el calor excesivo puede dañar algunas telas delicadas o de colores intensos

Un estudio de 2008 evaluó la supervivencia de los ácaros del polvo doméstico después de distintos lavados. A 30 °C murió el 6,5% de los ácaros y a 40 °C, el 9,6%. Los lavados a 60 °C o con vapor eliminaron la totalidad de los ejemplares evaluados

Estos resultados no implican que todas las sábanas deban lavarse a 60 °C. La elección debe considerar las indicaciones del tejido y el riesgo de deteriorarlo

Menos detergente y más espacio

Usar más jabón del necesario puede dejar residuos entre las fibras. Como consecuencia, la tela puede sentirse rígida y perder parte de su apariencia original

También es importante no sobrecargar el lavarropas: las sábanas necesitan espacio para moverse y enjuagarse correctamente

Cuatro hábitos antes y después del lavado

Las sábanas nuevas conviene lavarlas antes del primer uso para retirar posibles residuos de fabricación, polvo y suciedad acumulada durante el almacenamiento

Las prendas blancas deben separarse de las oscuras o de colores intensos para reducir la transferencia de tintes

Por último, hay que secarlas por completo antes de guardarlas. La humedad residual puede favorecer los olores desagradables y la aparición de hongos