En el centro de entrenamiento Toulouse, en Palermo, la instructora Melani Giommetti explicó cómo las cadenas miofasciales orientan una forma de practicar pilates que considera el cuerpo de manera integral, en lugar de trabajar grupos musculares aislados

Según la especialista, el reformer, una cama equipada para la práctica, cumple una función central. El aparato puede asistir los movimientos y, al mismo tiempo, aumentar la exigencia para que el ejercicio no sea únicamente pasivo

El trabajo combina peso y control

Giommetti señaló que pilates implica un esfuerzo importante, aunque los ejercicios se realicen sobre una cama. La práctica utiliza pesas y el propio peso corporal, junto con movimientos controlados, respiración y alineación postural

También cuestionó la idea de que sea una disciplina exclusivamente femenina. Cada vez más hombres se acercan a las clases, entre otras razones porque el método puede complementar otras actividades deportivas

Una práctica vinculada con la rehabilitación

Joseph Pilates nació en Alemania a fines del siglo XIX. Desde joven estudió disciplinas como la gimnasia, el boxeo y el yoga, que luego integró en un sistema propio de acondicionamiento físico

Durante la Primera Guerra Mundial perfeccionó su técnica mientras trabajaba con personas lesionadas. En ese período utilizó resortes y mecanismos adaptados a camas hospitalarias para colaborar con la rehabilitación, experiencias que sirvieron de base para varios aparatos del método

En la década de 1920 se instaló en Nueva York junto con su esposa, Clara, y abrió un estudio frecuentado por bailarines, atletas y artistas. Al sistema lo llamó inicialmente “Contrología” y lo centró en la integración de mente y cuerpo mediante movimientos precisos y conscientes

Después de su muerte, en 1967, sus discípulos continuaron difundiendo sus enseñanzas. Con el tiempo, el método pasó a ser conocido como pilates y se extendió como una práctica de acondicionamiento físico

Vestimenta y costo de las clases

Para entrenar, la instructora recomendó usar ropa cómoda, preferentemente pantalón corto, y practicar descalzo. Las cuatro clases tienen un valor aproximado de $80.000